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Viviendo con osos

La localidad de Moal (Asturias) ha recibido el Premio Princesa de Asturias al "pueblo ejemplar" y también es el escenario del libro "Viviendo con osos".

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Ejemplar de oso pardo. | Archivo

La pequeña y preciosa localidad asturiana de Moal está situada al borde mismo del paraíso, es decir del bosque de Muniellos, uno de los robledales mejor conservados de Europa y el mayor de los españoles.

Moal acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias al "pueblo ejemplar", cuando éste cumple su vigésimonovena edición. El premio está dotado con 25.000 euros que los habitantes (101 en su censo) dedicarán a la señalización de las maravillas ambientales de su entorno.

El premio incluye además la visita de Sus Majestades en la jornada siguiente, lo que pone a Asturias en punto de mira de la actualidad ambiental y artística, ya que el galardón se otorga a la totalidad del entorno y u sus habitantes, destacando en este caso la labor de la "Asociación de mujeres de Moal", que promueve diversas actividades y lucha por motivar a las emigrantes para que vuelvan al pueblo y se incorporen a su vida.

Esta feliz circunstancia viene a sumarse en reivindicación del ambiente rural asturiano al precioso libro "Viviendo con osos", de reciente publicación y con su primera edición absorbida con avidez por los amantes de la naturaleza: refleja el trabajo de veinte años del prestigioso naturalista Ezequiel Rodríguez, que ha pasado este tiempo conviviendo y charlando con los paisanos del entorno de Muniellos.

El robledal de Muniellos es verdaderamente un bosque encantado que ha sobrevivido a la actividad maderera por mérito de los habitantes de su entorno: todavía sobreviven en fructífera ancianidad muchos de los paisanos que vivieron la plenitud ecológica del lugar y que aprendieron a luchar contra la pobreza de los peores tiempos, guerra y postguerra entre ellos, obteniendo de la naturaleza lo que necesitaban para vivir sin deteriorarla ni esquilmarla.

Y que no se escandalice ningún ecologista de salón, también sobrevivieron comiendo chorizo elaborado con la carne de los osos cazados por ellos en plena montaña.

Mi buen amigo Ezequiel ha sido admitido en sus hogares con el mayor cariño por los más ancianos del lugar; ha comido con ellos al calor de lumbre de sus hogares (nunca mejor empleada la palabra), ha escuchado sus historias y les ha ayudado a registrar sus arcones para desempolvar antiguas fotografías y leer cartas centenarias. Un registro cultural de valor incalculable y que sin la labor de Ezequiel estaba destinado a la pérdida o el olvido.

Pregunten a cualquier niño del ambiente urbano si conoce el significado de la palabra "madreña", por no citar más que un ejemplo de los términos cotidianos en el mundo rural desconocidos en la cultura moderna. Recordemos que las madreñas son un calzado de gran utilidad para deambular en terrenos pratenses o forestales embarrados o resbaladizos, y que para elaborarlas, con tanta habilidad como cariño, los artesanos empleaban las mejores maderas, las de castaño o roble y empleaban el tiempo que fuera necesaria para tallarlas y pulirlas.

Con toda naturalidad, cuando sus gruesos cuatro tacones se desgastaban, las madreñas pasaban al fuego del hogar rindiendo así su último servicio, de manera que pocas de ellas han sobrevivido: las que quedaban, olvidadas en desvanes o sótanos, han sido objeto del mimo de Ezequiel quien ha rescatado las que ha podido para restaurarlas y conservarlas.

Y en cuanto a los osos, claro que los cazaban y comían, y que fabricaban embutidos con su carne para sobrevivir al hambre y al frío en los peores días del invierno; pero los osos sobrevivieron y su bosque también, en el mejor ejemplo de que lo hay llamaríamos "desarrollo sostenible"

Por cierto, el calificativo de "sostenible" resulta poco afortunado y procede de la mala interpretación de "duradero", que es lo que realmente quiere decir al referirse al mantenimiento de la naturaleza sin agotar sus recursos. No hay que sostener nada, sino simplemente utilizar el sentido común y la sabiduría popular al gestionar la naturaleza.

Hablando de utilización de recursos recordamos que Muniellos y su entorno sobrevivieron a la deforestación debida a la construcción de barcos en los siglos XVII y XVIII, teniendo en este sentido mejor fortuna o mejor gestión que algunos entornos forestales castellanos. Sin duda el principal mérito en el buen estado de estos parajes es de esos paisanos que supieron mantener el pleno contacto con su ambiente.

En cuanto a la convivencia con los osos debió de desenvolverse en esa mezcla de amor y odio que caracteriza a tantas relaciones similares entre el hombre y las criaturas salvajes de su entorno. Nunca llegó a ser odiado como el lobo, porque aunque pueda atacar al ganado no lo hace de manera múltiple, como el cánido, y sus "fechorías" son menos habituales por ser el gran animal más omnívoro que estrictamente carnívoro: osos y hombres sobrevivieron conjuntamente, a pesar de las privaciones alimentarias de muchos humanos del ambiente.

Al llegar la época moderna, en la que la escasez de osos hacía imposible la continuidad de su caza sin poner en peligro la supervivencia de la población ursina cantábrica, los paisanos dieron nuevas muestras de sensatez y de cultura al aceptar las medidas que propusieron entidades como Fapas o la Fundación Oso Pardo, e incluso se mostraron orgullosos de sus últimos convecinos plantígrados. Un verdadero modelo digno de todos los elogios.

De manera que este artículo resulta particularmente grato al no hacer referencia a censuras, sino a felicitaciones: a los habitantes de Moal, especialmente a su "Asociación de mujeres", por su merecidísimo galardón "Princesa de Asturias", a Ezequiel Martinez por su libro "Viviendo con osos" y a todos los paisanos del entorno del bosque encantado de Muniellos: el mejor conservado entre los robledales de Europa.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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