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El gobierno y la medicina

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Desde la Segunda Guerra Mundial, el servicio médico en Estados Unidos y demás países avanzados se ha caracterizado por el rápido crecimiento de la ciencia médica, grandes incrementos en los gastos de salud y creciente descontento de los consumidores.

Similares avances tecnológicos han ocurrido repetidamente desde la Revolución Industrial, pero las otras dos características sólo se aplican a la medicina. En los demás campos, los avances tecnológicos más bien han reducido los costos y aumentado la satisfacción de los consumidores.

La diferencia clave entre el servicio médico y las demás tecnologías modernas ha sido el papel jugado por el gobierno. En las otras revoluciones tecnológicas, tanto la iniciativa, como el financiamiento, la producción y la distribución provinieron básicamente del sector privado, recibiendo en ocasiones apoyo gubernamental. Por el contrario, en la medicina, los gobiernos han jugado el papel principal en el financiamiento, la producción y ofreciendo el servicio a los consumidores. El gasto oficial en servicios médicos excede el 75% del gasto médico total en los países industrializados.

Dos explicaciones sencillas nos muestran tanto el alto nivel de gastos en servicios médicos como la insatisfacción de la gente con el servicio. La primera es que la mayoría de los pagos recibidos por los médicos y los hospitales no provienen del bolsillo del paciente sino de un tercero, la empresa donde trabaja el paciente, una compañía de seguro o del gobierno mismo. La segunda explicación es que nadie gasta el dinero de otro tan sabiamente o con tanto cuidado como el suyo propio.

Ningún tercero paga nuestra cuenta en el automercado ni cuando le ponemos gasolina al carro, entonces, ¿por qué los gastos médicos? Parte de la respuesta en el caso de Estados Unidos es que los gastos médicos de los empleados que el patrono paga son deducibles del impuesto sobre la renta.

Los alimentos son más importantes que las medicinas, ¿por qué no son, entonces, gastos deducibles del impuesto? La respuesta es que una mala política gubernamental conduce a otra. Durante la Segunda Guerra, el gobierno financió sus gastos imprimiendo billetes, mientras que al mismo tiempo imponía control de precios y de salarios. La resultante inflación reprimida produjo escasez de bienes y servicios, incluyendo la mano de obra. Las empresas que no podían ofrecer mejores sueldos por el control gubernamental de salarios, comenzaron a ofrecer servicios médicos para atraer a nuevos empleados.

Los servicios médicos provistos por los patronos han resultado en aumentos del costo de la salud. A esto se le agregan las leyes de Medicare (subsidio a los gastos médicos de los ancianos) y Medicaid (subsidio a los gastos médicos de los pobres), cuyos costos aumentaron mucho más rápidamente de lo previsto, como siempre sucede con las dádivas. La razón es que la ley de la oferta y la demanda no se puede reprimir a través de legislación. Mientras más bajo es el precio, mayor es la demanda y si el precio es cero, la cantidad demandada es infinita. Así, el racionamiento gubernamental de hecho sustituye a los precios.

Los gastos médicos como porcentaje del Ingreso Nacional eran de 3% en 1919, 4,5% en 1946, 7% en 1965 y 17% en 1997. Paralelamente, el concepto de “seguro” en los servicios médicos tiene ahora un significado diferente. Nos aseguramos contra algo que tiene pocas probabilidades de suceder, pero que implica una catástrofe y grandes pérdidas. Por ejemplo, aseguramos nuestro auto contra robo, pero no respecto al consumo de gasolina. Sin embargo, esperamos que nuestro seguro médico pague por los medicamentos requeridos y por los exámenes periódicos.

El pago por parte de terceros también ha burocratizado el servicio de salud, cambiando la relación médico - paciente. El paciente no se preocupa por el costo incurrido, mientras que el médico de hecho se ha convertido en un empleado de la compañía de seguro o del gobierno mismo. Como resultado, el interés del paciente choca de frente con el interés de quien paga por el servicio.

El efecto de esta semi-socialización de la medicina en Estados Unidos ha sido que el costo diario de hospitalización se ha multiplicado por 40, mientras que la estadía de los pacientes en el hospital se ha reducido en 66%. Además, los trámites exigidos por el gobierno han reducido la productividad de los médicos, haciendo la profesión menos atractiva.

©AIPE

Milton Friedman es Premio Nobel y académico de Hoover Institution.

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