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Pablo Molina

¡A la mierda los complejos!

La convocatoria de la manifestación puede tener efectos curativos fulminantes para este trauma psicológico-arriolano. Mucha gente harta de ZP acudirá a Madrid sin importarle que los eternos detentadores de las esencias democráticas le acusen de ser fachas

Pablo Molina
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Si hay algo enervante en la derecha política española es su tendencia instintiva a programar sus acciones en función de lo que pensará el adversario político. Es muy común escuchar a los dirigentes del PP frases como "imagine usted lo que diría la izquierda si nosotros hiciéramos tal o cual cosa". Es un complejo absurdo y una tendencia suicida. Absurdo porque, haga lo que haga, la izquierda siempre les va a tachar de ser un peligro para la democracia. Suicida porque de tanto pedir perdón a su adversario, al final acaban creyendo que tienen algo de que disculparse.

Todo parecía indicar que esa anomalía espiritual estaba demasiado incrustada en la mentalidad de los políticos de derechas, como para confiar en que algún día pudieran desembarazarse de ella. Pero cuán brutal no será la ofensiva de ZP en contra de los principios morales que comparte la mayoría de la nación española, que hasta ese complejo ancestral de los conservadores está a punto de hacerse añicos.

En esta tesitura, la convocatoria de la manifestación de este sábado puede tener efectos curativos fulminantes para este trauma psicológico-arriolano. Mucha gente harta de ZP acudirá a Madrid sin importarle que los eternos detentadores de las esencias democráticas le acusen de ser fachas. Por otra parte, los argumentos en que la progresía basa esa imputación no pueden ser más necios, es decir, lo suyo viniendo de donde provienen.

Los dirigentes del PSOE no pueden, sin caer en el ridículo, denunciar que en las manifestaciones que apoya el PP aparecen enseñas preconstitucionales, sencillamente porque lo que en las convocatorias a las que acude la derecha es un suceso marginal, en las algaradas de la izquierda es la norma. Repásese el archivo fotográfico de cualquier manifestación organizada por la izquierda, con los políticos del PSOE en primera fila, y si alguien consigue detectar una bandera constitucional de España que lo diga para inscribirlo en el Libro Guinness por su agudeza visual sobrehumana. Tiene gracia también que José Blanco ponga el grito en el cielo porque algún grupúsculo friki cante el Cara al Sol, cuando su partido acaba sus reuniones tarareando La Internacional (la izquierda progre actual ya no se sabe la letra), que no es tampoco una oda a los valores democráticos ni a la libertad precisamente.

Las personas que van a acudir a Madrid este sábado a manifestarse contra el Gobierno (sí, sí, contra el Gobierno, ¿pasa algo?), lo hacen por una cuestión elemental de responsabilidad cívica en pleno ejercicio de sus derechos constitucionales. Con su actitud demuestran, además, que no les importa lo que opine la izquierda al respecto. El lunes tendremos al equipo progre habitual hablando de derecha extrema o de fascismo callejero, siguiendo la tesis añeja del hermano de Juan Guerra cuando denunciaba a los que aireaban la industria del "cafelito" de estar provocando un "vendaval antidemocrático". Que no cunda el pánico. Mucha tranquilidad y a disfrutar del espectáculo. Hagan como nosotros en Libertad Digital. Nos llaman de todo y cada día somos más felices, comemos con más apetito y dormimos a pierna suelta. Y de "lo otro" ni les cuento.

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