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Pablo Molina

Angela Gulliver en Liliput

ZP nos prometió llevarnos al corazón de Europa en cuanto cogiera las riendas del Gobierno. Finalmente nos ha introducido en otra región anatómica, a la espalda del músculo cardiaco y unos dos palmos y medio más abajo.

Pablo Molina
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Es realmente extraordinaria la imagen de orgullo nacional que hemos dado al mundo con la visita de la presidenta del Gobierno de Alemania. Fíjense si hemos estado a la altura de las circunstancias que Zapatero, en su papel de anfitrión, no sólo no le lustró los zapatos a la Merkel con kanfort sino que ni siquiera le cepilló la chaqueta del traje. Eso para que el mundo tenga muy clarito que en España no nos rebajamos tan fácilmente ante los dirigentes extranjeros por muy alemanes que sean.

Tan sólo hemos sometido al criterio del Gobierno alemán las tímidas reformas que, con gran alharaca, han sido incluidas en el Top Ten de los éxitos políticos alcanzados desde la GTE (Gloriosa Transición Española), justo por detrás de la invención del sistema autonómico, que para el juancarlismo sigue siendo la hazaña más rutilante que España ha ofrecido al mundo desde Lepanto. Unos acuerdos, estos de la Moncloa, alcanzados con el visto bueno, preceptivo y vinculante, de unos sindicatos que llevan con orgullo su condición de instituciones del estado en cuanto a sus fuentes de financiación, a diferencia de sus colegas centroeuropeos que, ajenos al principio socialista de vivir del esfuerzo ajeno, en lugar de trincar subvenciones del presupuesto público prefieren sostenerse con el dinero que libremente aportan sus afiliados. Así les va, claro. Y a nosotros también.

ZP nos prometió llevarnos al corazón de Europa en cuanto cogiera las riendas del Gobierno. Finalmente nos ha introducido en otra región anatómica, a la espalda del músculo cardiaco y unos dos palmos y medio más abajo, pero le agradecemos el esfuerzo igualmente. En todo caso, al menos seguimos estando en Europa y aquí continuaremos salvo que una falla continental provoque un cataclismo y nos separe también físicamente del continente, que tal y como están las cosas es justo lo que nos faltaba.

Merkel se ha marchado de vuelta a su país con su séquito de ministros, todos de una excelente formación académica y gran experiencia profesional, y aquí deja a ZP con los suyos, algo analfabetos pero muy voluntariosos y con "un gran compromiso político" prácticamente desde que sus mamás les deban la teta, como es el caso de la Pajín. Les han dicho a los nuestros que van por el buen camino y que si siguen así igual no nos intervienen oficialmente hasta después de las elecciones autonómicas, que en última instancia es de lo que se trataba.

Gran alegría en el socialismo, rostros de legítima satisfacción en el gobierno, portadas obsequiosas en la prensa escrita y minutos obsecuentes en los diarios hablados. Liliput se ha salvado, o al menos ha comprado con el dinero de los jubilados unos meses más de prórroga. En todo caso, hip, hip, hurra.

Colaborador de Libertad Digital.

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