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Pablo Molina

Chaves, el político que no quería 'delincuir'

Manolo Chaves. Un personaje. Desde el clan de la tortilla hasta nuestros días, cuarenta años contemplan al socialista andaluz.

Pablo Molina
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Manolo Chaves. Un personaje. Desde el clan de la tortilla hasta nuestros días, cuarenta años contemplan al socialista andaluz.
EFE

Manolo Chaves. Un personaje. Desde el clan de la tortilla hasta nuestros días, cuarenta años contemplan al socialista andaluz, la mitad de los cuales los ha pasado dirigiendo su comunidad autónoma con el éxito por todos conocido. Llegar a la presidencia de una región y dejarla 20 años después en el furgón de cola de Europa en todos los indicadores de desarrollo exige una disciplina que no está al alcance de cualquiera. Solo un socialista de la talla de Chaves podía llevar a cabo proeza semejante, y ahora sólo queda por ver si Susana Díaz es capaz de superar a sus maestros en esta empresa de depauperación colectiva que es la Junta de Andalucía, algo que en principio no debemos desechar. Hechuras ha mostrado ya de sobra.

En el ocaso de su vida política, Manuel Chaves se enfrenta a una acusación formal por el caso de los ERE fraudulentos, un sistema para desvalijar las arcas públicas ideado, puesto en marcha y ejecutado cuando él presidía la Junta. 855 millones de euros es una estimación modesta del robo perpetrado por este concepto, a lo que hay que sumar el latrocinio de los fondos europeos para cursos de formación que, como el Gordo de Navidad, ha estado también muy repartido. Ahí ha trincado hasta el Tato, que en Andalucía es afiliado a la Pesoe y militante de la UGT, la manera más fácil de vivir a costa del presupuesto.

A su salida del Tribunal Supremo, Chaves ha vuelto a insistir en que sus gobiernos no cometieron ningún acto ilegal. No ha llegado a repetir aquello de que él no creó una asociación para delincuir, pero se sobreentiende. Conociendo un poco al personaje, después de tantos años en el telediario, es probable que no se haya enterado de que la acusación que pesa sobre él es por haber consentido (como mínimo) que centenares de millones de euros de los fondos públicos fueran repartidos a los amiguetes sin ningún control administrativo. Es decir, lo que siempre ha ocurrido con el socialismo pero a lo bestia, después de treinta años haciendo prácticas en la misma comunidad.

En cualquier otra institución, el responsable de haber provocado un agujero semejante habría sido destituido de todos sus cargos. Los socialistas, en cambio, esperarán a que haya una condena en firme y entonces, y sólo entonces, pedirán a Chaves educadamente su acta de diputado, no sin antes organizarle el correspondiente homenaje público. Eso si hay condena, que todavía puede salir libre de cargos y los contribuyentes igual acabamos teniendo que indemnizarlo.

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