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¿Dará tiempo a desenterrar a Franco?

El panorama no es nada halagüeño para Pedro Sánchez, que contaba con afrontar en 2020 unas elecciones tranquilas desde el Palacio de la Moncloa haciendo campaña en el avión oficial.

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Pedro Sánchez | EFE

Pedro Sánchez afirmó en la sesión de investidura que estaría en la Moncloa únicamente el tiempo indispensable para convocar nuevas elecciones y que el pueblo soberano decidiera con su voto. Fue una promesa solemne, formulada desde la tribuna del Hemiciclo y en presencia de los representantes de la soberanía nacional. En consecuencia, fue convertirse en presidente y hacer exactamente lo contrario. Al fin y al cabo, su señora ya había encargado reformas por valor de medio millón de euros, ¡qué menos que disfrutarlas, aunque sea un par de años de nada! Pero las dificultades parlamentarias de un Gobierno que solo cuenta con el apoyo de una cuarta parte del Congreso pueden dar al traste con los planes de la flamante pareja presidencial.

De momento, esta semana puede recibir otro soplamocos si los separatistas de Puigdemont deciden no apoyar el nombramiento de Rosa María Mateo, el Rostro de la Transición, para administrar RTVE hasta que lleguen los podemitas y arrasen con todo. La bofetada puede ser importante, no ya por que los socialistas teman que en Televisión Española vayan a trabajar para el PP (siempre lo han hecho para el PSOE gracias a sus infiltrados, que los peperos han mantenido a cuerpo de rey), sino por lo que representa una negativa del Congreso a la primera medida de fuste propuesta por el Ejecutivo.

Pero es en la modificación de la senda de déficit donde Pedro Sánchez puede cavar su tumba política y verse obligado a enfrentarse con el Marqués de Galapagar antes de lo previsto. Los socialistas, como corresponde a su tradición ruinosa, quieren aumentar el gasto público en 5.000 millones de euros solo este año. Hasta ahí, bien. El problema es que a los podemitas les parece muy poco ese incremento de la presión fiscal, porque lo suyo es devastar países enteros en tiempo récord y la propuesta de Sánchez no acabará con la prosperidad de los españoles a la debida velocidad. Al no de los chavistas se unirá el del PP, que con Pablo Casado al frente ha recuperado el sano (¡y santo!) dogma de la moderación en el gasto público como principio irrenunciable. Los dirigentes de Ciudadanos, la última vez que opinaron sobre el tema estaban en contra; no hay que descartar que lo sigan estando el viernes, cuando se produzca la votación. Y en cuanto a los separatistas, los catalanes solo votarán a favor si se les promete un nuevo butifarréndum y los vascos solo si se les permite trucar a su favor el cupo un poco más. O sea, fatal.

El panorama no es nada halagüeño para Pedro Sánchez, que contaba con afrontar en 2020 unas elecciones tranquilas desde el Palacio de la Moncloa haciendo campaña en el avión oficial. Lo peor para sus votantes es que una convocatoria anticipada puede impedir la exhumación de los huesos de Franco y la voladura de Cuelgamuros. Si los socialistas ya no pueden confiar en sus líderes para llevar a cabo algo tan necesario, ¿a quién narices van entonces a votar?

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