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Pablo Molina

El famoso proceso no sirvió de nada

Después de una legislatura humillando a las víctimas del terrorismo y haciendo concesiones políticas a la ETA (la presencia de su brazo político en las instituciones es tal vez la principal) seguimos donde estábamos, sólo que en peor situación.

Pablo Molina
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El asesinato del ex concejal socialista de Mondragón es la confirmación, la dramática constatación de que la estrategia de Zapatero durante estos cuatro años respecto a la ETA no ha servido para nada útil. Después de una legislatura humillando a las víctimas del terrorismo y haciendo concesiones políticas a la ETA (la presencia de su brazo político en las instituciones es tal vez la principal) seguimos donde estábamos, sólo que en peor situación.

Hoy la democracia española es mucho más débil que hace cuatro años, cuando el PSOE llegó al poder. No sólo porque los terroristas han demostrado que se puede humillar a un Gobierno que se sienta a negociar políticamente con ellos, sino porque hay algunas situaciones que no tienen marcha atrás. El dinero que el brazo político de la ETA ha obtenido gracias a su presencia en los órganos democráticos del País Vasco, procedente del bolsillo de los ciudadanos, incluido el ex concejal asesinado y sus familiares, no va a ser jamás devuelto, y ya sabemos en qué proporción se reparten los fondos en el entramado terrorista.

Pero con ser especialmente vergonzosa, no es esta la peor consecuencia de la política de Zapatero a lo largo de la legislatura. Lo más dramático es que se ha acostumbrado a parte de los ciudadanos a pensar que para solucionar el problema del terrorismo vale la pena intentar cualquier estrategia. Porque no es cierto. La única política que puede acabar con el terrorismo sin graves consecuencias para la nación es el de la máxima firmeza del Estado dentro, exclusivamente, de los cauces legales.

Hacer que la ETA cese en su actividad criminal es fácil: basta con concederle todo aquello que pide. Zapatero ha intentado en estos cuatro años un ejercicio equilibrista de prometer concesiones tensando al máximo la Constitución y las leyes, mientras se intentaba dar una apariencia de que se estaba salvaguardando lo sustancial para no perder a una parte de sus votantes que aún defiende la unidad de la nación española. Al final, ni la ETA ha desistido de sus objetivos ni esa parte noble del voto socialista tiene motivos para sentirse orgullosa de su presidente.

En las declaraciones inmediatamente posteriores al atentado, Zapatero ha declarado que "el Gobierno perseguirá con el Estado de Derecho a los terroristas, a quienes les prestan apoyo y avalan y justifican sus acciones con toda la determinación y los medios perseverando a favor de las vidas y la libertad de todos los españoles". Exactamente lo mismo que viene defendiendo Rajoy estos cuatro años. O sea, que tanta humillación a las víctimas y tantos ataques a la oposición no han servido para nada más que debilitarnos como nación unida.

Ni el PSOE ni Zapatero son responsables en absoluto de la muerte de Isaías Carrasco. Los culpables son únicamente los terroristas. Sin embargo el PSOE debería reconocer su error de estos cuatro años y hacer una pública declaración de que en la lucha contra la ETA jamás se apartará del camino trazado por Zapatero con esa frase. Sería un buen homenaje a la memoria del ex concejal asesinado, aunque tachen al PSOE de electoralista estando a menos de cuarenta y ocho horas de las elecciones. Nuestros mártires lo merecen.

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