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Pablo Molina

El PER y la prejubilación neonatal

Las peonadas del PER justifican las cacicadas de los ERE, porque siendo todos conscientes de la propia vileza, la ajena se disculpa con mayor facilidad.

Pablo Molina
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La corrupción a los ritmos vertiginosos que caracterizan al PSOE cuando gobierna sólo se puede mantener en el tiempo si hay una masa suficiente de ciudadanos también corrompida con dinero público a través de subvenciones, empleos ficticios, enchufes administrativos, prejubilaciones neonatales o cualquiera de las miles de variantes que los socialistas han patentado a lo largo de su mefítica historia. Cuando la práctica totalidad de los habitantes de una región o un país viven exclusivamente de su esfuerzo, existe una gran severidad popular en la reprensión pública de la corrupción política. En cambio, cuando la práctica más extendida es vivir del esfuerzo ajeno gracias a las dádivas del poder, la gente suele mirar para otro lado cada vez que sale a la luz alguno de los casos que la propia presión interna de la ciénaga empuja a su superficie.

El fangal en que ha acabado convertida la Junta de Andalucía sólo tiene parangón en el albañal organizado por el tripartito en Cataluña, comandado, cómo no, por la filial catalana del PSOE, aunque en honor de los socialistas andaluces hay que destacar que su capacidad para el trinque está muy por encima de todo lo conocido hasta el momento. Claro, han tenido treinta años para ejercitarse y perfeccionar la técnica mientras que los de Montilla y Carod sólo dispusieron de apenas dos legislaturas, pero, incluso así, proporcionalmente es difícil que alguien le quite al socialismo andaluz su bien ganado título oficioso como la organización política más corrupta del Planeta Tierra.

Si sólo tuviéramos en cuenta la capacidad socialista para el trinque resultaría digno de estudio, por lo inaudito, el hecho de que el partido que acredita una trayectoria tan corrupta haya revalidado su mayoría absoluta en Andalucía siete veces consecutivas. Lo que explica la aparente paradoja es la existencia del PER como eje vertebrador de la voluntad popular en torno a un partido dispuesto a financiar la vagancia compartida a cambio del voto.

En las ciudades andaluzas puede haber, y de hecho la hay, una gran indignación por la forma tan grosera en que los socialistas se llenan los bolsillos, pero en el amplísimo agro andaluz hay mucha gente a la que con estos gobernantes no le va nada mal. Con dos hijos mayores de edad y ocho o diez olivos, entre el Plan de Empleo Rural y las subvenciones de la Unión Europea, cualquier familia tiene un bien pasar sin pegar ni un puñetero palo al agua. Si además sus miembros son hacendosos y deciden trabajar en la economía sumergida, el resultado es que en pocos años se pueden dedicar simplemente a leer el Boletín Oficial de la Unión Europea, para gestionar el trinque presupuestario de los distintos cultivos según la subvención que tengan asignada.

Las peonadas del PER justifican las cacicadas de los ERE, porque siendo todos conscientes de la propia vileza, la ajena se disculpa con mayor facilidad. O lo que viene a ser lo mismo: la autonomía que trinca unida, siempre permanecerá unida. Y ariquitaun.

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