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Pablo Molina

Hambre en España

Hay matrimonios que están sin trabajo y sobreviviendo con el subsidio de desempleo, ayuda estatal que por sus propias características acaba agotándose con los plazos, de tal forma que ya están sufriendo graves problemas para poder comer a finales de mes.

Pablo Molina
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Parecía increíble que pudiéramos retroceder a los años cuarenta del siglo pasado, pero cuando Zapatero se empeña en algo, sobre todo si es pernicioso, ciertamente lo consigue. La principal empresa de seguridad que opera en los supermercados y grandes superficies ya está detectando un aumento de los pequeños hurtos, que inicia su escalada a partir del día 20 de cada mes. Se trata fundamentalmente de alimentos infantiles y latas de conserva, que obviamente no van a ir destinados a su venta sino al consumo en el hogar. Los culpables no son víctimas de la drogadicción con el síndrome de abstinencia, sino personas normales que hace muy poco tiempo llevaban una vida digna. Esto sólo ocurre en España cuando gobiernan los socialistas, pero ni siquiera Felipe González llegó a depauperar tanto la economía como está haciendo Zapatero.

Hay matrimonios, jóvenes y no tanto, que están sin trabajo y sobreviviendo con el subsidio de desempleo, ayuda estatal que por sus propias características acaba agotándose con los plazos, de tal forma que ya están sufriendo graves problemas para poder comer a finales de mes. Esta es la España real, o al menos una parte de ella, a la que los políticos, y especialmente los que están en el Gobierno, son ajenos.

Los partidos políticos y los sindicatos son los primeros en trincar dinero de nuestros bolsillos vía presupuestos generales del Estado, pero no se conoce que hayan puesto en marcha ni un solo comedor social o, especialmente en el caso de los sindicatos, un sistema de socorro mutuo para ayudar a los más necesitados. La Iglesia en el plano social y la familia en el privado son las que están evitando que los tumultos callejeros de gente con graves necesidades, últimamente incluso alimenticias. Iglesia y Familia, precisamente las dos instituciones más denostadas por los socialistas, a cuya destrucción dedican diariamente sus mayores esfuerzos. Tengámoslo en cuenta la próxima vez que el progresismo insulte a los curas o el feminismo de cuota a la "familia tradicional".

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