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Pablo Molina

Homenajes perroflautas

La conmemoración en el Congreso de los Diputados del 40 aniversario del tejerazo, desangelada en esta ocasión po

Pablo Molina
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La conmemoración en el Congreso de los Diputados del 40 aniversario del tejerazo, desangelada en esta ocasión po
Pedro Sánchez y, en segundo plano, Pablo Iglesias. | EFE

La conmemoración en el Congreso de los Diputados del 40 aniversario del tejerazo, desangelada en esta ocasión por mor de la pandemia, incluyó como acto central unas palabras de Felipe VI muy en sazón, dadas las circunstancias que atraviesa el país. El Rey fue recibido con vítores y muy aplaudido también al citar el papel fundamental de su padre en la desactivación final de la intentona golpista; pero recibió un homenaje añadido no por esperado menos reseñable: la chusma no le aplaudió. Correcto. Eso es lo que debe hacer siempre la morralla perroflauta, porque sus pretendidos desplantes son otra forma de honrar a la institución.

No acabaron aquí los homenajes a la Corona por parte de la facción radical izquierdista. Su líder tuvo a las puertas del Congreso unas palabras llenas de odio hacia el rey emérito, comparándolo por defecto con un raperillo demenciado encarcelado por su propio bien y el de la música, que con toda seguridad habrán llenado de orgullo y satisfacción a D. Juan Carlos allá en su retiro emiratí. Majestad, sus súbditos no le olvidan, ya lo ve.

Pero la jornada fue redonda porque culminó con un almuerzo de gala al que no fue invitado el vicepresidente del Gobierno. Las restricciones de aforo a que obliga el coronavirus evitaron a los servicios de protocolo deshacerse de la cuota podemita incluyendo en la invitación el requisito de que sólo se admitiría a gente de orden, duchada y con corbata, que hubiera resultado más afrentoso.

Para un personaje como Iglesias, de una soberbia patológica demostrada en no pocas ocasiones, quedar fuera de un almuerzo de Estado como el que tuvo lugar este martes en las Cortes es una afrenta de las que no se olvidan jamás. Porque una cosa es que Sánchez desprecie a la facción podemita en sus enjuagues con Casado para renovar el Consejo General del Poder Judicial y otra muy distinta que se atreva a excluir al ayatolá de un acto con las más altas instituciones del Estado que quiere destruir. Eso es algo imperdonable para Iglesias y mucho más para los fieles de la secta, que creen realmente que están a las órdenes del mesías definitivo.

Sánchez ha jugado muy fuerte con este insulto a su vicepresidente, al que ya no llama ni para que sirva los cafés. Lo pagará caro. La guerra social-perroflauta está a punto de estallar

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