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Iglesias demuestra quién manda en La Sexta

El descenso acusado de Podemos en las encuestas ha ido parejo a la caída del afecto que tradicionalmente le dispensaba la cadena ultraizquierdista.

Pablo Molina
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EFE

El descenso acusado de Podemos en las encuestas ha ido parejo a la caída del afecto que tradicionalmente le dispensaba la cadena ultraizquierdista. Los propios dirigentes bolivarianos han denunciado que había últimamente muchos minutos de la parrilla diaria de La Sexta en los que no aparecía ningún podemita opinando sobre cualquier asunto o desgranando sus disparates cotidianos, algo impensable hace muy poco tiempo.

El divorcio se ha ido gestando en las últimas semanas, y la última vez que Iglesias acudió a los platós de Roures –hace dos semanas, a El Objetivo de Ana Pastor– hubo mucha tensión. Se mascaba la tragedia y, finalmente, se consumó. A Podemos y La Sexta parece que se les acabó el amor, como quedó claro con la tremenda bronca que Iglesias le atizó a García Ferreras en su propio programa, para que no queden dudas de quién llevaba los pantalones en esa relación.

La escenita pasará a los anales de la televisión, al ser la primera vez que un dirigente político abronca en directo a un presentador por llevar a su programa a un invitado incómodo. ¡Qué vergüenza, Ferreras, qué vergüenza! Pero lo peor no fue el rapapolvo al más puro estilo bolivariano, sino la manera tan rastrera en que el jefe de Informativos de La Sexta trató en todo momento de disculparse por haber molestado al líder del movimiento liberticida.

"Más periodismo", dice García Ferreras entrecerrando los ojos cuando pone fin a su programa para dar paso al informativo de la cadena. Y, en efecto, ayer hubo más periodismo según lo entienden en La Sexta, porque la primera noticia de su telediario fue una pieza de tres minutos en la que mostraron lo buenos que han sido con Podemos y la manera tan degradante en que trataron siempre de ocultar los escándalos que afectaban a sus dirigentes.

Iglesias trató a La Sexta como a un felpudo y a García Ferreras como a su valet de chambre. Un espectáculo denigrante que tan solo hemos visto en la Venezuela bolivariana, lo que nos da una idea muy precisa de cómo funcionaría la libertad de expresión en la España soñada por los marqueses de Villa Tinaja y los que les votan. Otro motivo para tomarse muy en serio las elecciones de este próximo día 28.

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