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Pablo Molina

La casta debería ir en la pancarta

Una ración de sinceridad cercana del ciudadano hacia el político díscolo es vacuna eficacísima contra las veleidades progres en materia de terrorismo, y en el PP periférico ya hay quien va necesitando una monodosis tamaño elefante.

Pablo Molina
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La decisión de las organizaciones de víctimas del terrorismo convocantes de la manifestación de este fin de semana, impidiendo a los políticos que aparezcan en la primera fila, me parece una concesión demasiado generosa a nuestra casta que, seamos honestos, tampoco es que vaya a sufrir una epidemia de hernias discales por trabajar un poquito un sábado por la tarde.

Los políticos, al menos los del Partido Popular, deberían haber sido invitados con cierta insistencia a participar en la manifestación de este sábado en lugar destacado, porque el 99,9 por ciento de sus votantes defiende la memoria y la dignidad de las víctimas, las acompaña cada vez que lo necesitan y quiere que los políticos a los que entrega su confianza acudan a todas y cada una de las convocatorias que se realicen en apoyo de los heridos y los familiares de los asesinados por el terrorismo. El resto de los votantes, ese 0,1 por ciento en el que me incluyo, querría además que lo hicieran de rodillas para purgar sus muchas traiciones, pero esa es una cuestión marginal dada la importancia de los asuntos que se ventilan.

En las primeras filas de la manifestación de este día 9 deberían ir los 153 diputados, los 123 senadores y el medio millar largo de diputados autonómicos que el Partido Popular mantiene a cuerpo de rey gracias al voto de los ciudadanos anónimos que acuden desde todos los extremos de España a estas convocatorias; y no precisamente en la clase business de Iberia, sino en autobús o coche particular, donde no hay azafatas que te sirvan lingotazos para entretener el viaje.

Además, la presencia de los altos cargos del PP en la cabecera de la manifestación tendría efectos pedagógicos muy interesantes, al menos en lo que respecta a esos centristas vergonzantes que juegan a la ambigüedad en asuntos tan graves, a los que con toda seguridad sus votantes les harían llegar de primera mano la opinión que les merece su actitud traidora. Una ración de sinceridad cercana del ciudadano hacia el político díscolo es vacuna eficacísima contra las veleidades progres en materia de terrorismo, y en el PP periférico ya hay quien va necesitando una monodosis tamaño elefante.

Se hace difícil llevar la contraria a una organización de víctimas del terrorismo porque, sinceramente, alguien al que le han asesinado a un familiar por patriota dice que esto no es Libertad Digital sino la versión web del Pumby (FJL dixit) y yo simplemente cambio de tema. Es sólo que a veces las víctimas se pasan de buenas y hay quien no merece tanta bondad. Los políticos, menos que nadie.

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