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Pablo Molina

La evolución de "La Pesoe"

La tierra de Chaves, Griñán y Zarrías ha dado un salto cuántico en la evolución del trinque presupuestario, pasando del "colócanos a tos, Paco" al "dame una prejubilación que estoy harto de ser funcionario".

Pablo Molina
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El trinque febril al que está abocado el socialismo andaluz no tiene nada de particular, porque es lo que ocurre siempre que los socialistas ven cercano el momento de abandonar el poder. No es que a lo largo de las varias legislaturas en que permanecen ocupando los despachos oficiales sean un modelo de virtud en el manejo de los recursos públicos, claro, porque el trinque presupuestario es un deporte que exige perseverancia tal y como acredita la trayectoria de los partidos de izquierdas en los regímenes democráticos de todo tiempo y lugar.

 Sucede tan sólo que cuando se acercan unas elecciones más disputadas de lo normal, con el riesgo de tener que entregar el poder a su adversario centro-reformista, el socialismo se convierte en una maquinaria bien engrasada y tremendamente efectiva de enchufar a todos sus peones con sólo poder demostrar algún parentesco con el cacique sociata local o haber servido fielmente al "Partido" en aquellas tareas que se les hayan encomendado.

En fin, que esto de que los cargos de la Pesoe enchufe a la ubre pública a toda la catetada socialistona, unos meses antes de que los ciudadanos los expulsen a gorrazos desde las urnas, ha sido una tradición muy arraigada en las distintas marcas regionales del PSOE. Sin embargo, lo que ocurre con las prejubilaciones falsas de la Junta de Andalucía ha supuesto una novedad a la que habrá que estar muy atentos en el futuro por si el ejemplo se extiende a otras demarcaciones territoriales.

Porque una cosa es conceder un sueldo de funcionario a los familiares y amigos, y otra bien distinta trincar un convolutto de pago único en empresas en las que nunca se ha trabajado. La golfería es más grosera y además bastante más peligrosa para nuestro bolsillo porque, como es bien sabido, no hay ninguna actividad en España que consuma tantos recursos públicos como la ingeniería financiera destinada a maniobrar con el paro, ya sea en forma de ayudas para crear supuestamente puestos de trabajo ya sea para financiar los expedientes de regulación de empleo, por no mencionar el concepto mollar de todo el tinglado que no es otro que las decenas de miles de cursos de formación que la administración paga a los llamados "agentes sociales", a cuyo fin se destinan varios miles de millones de euros cada año sin que hasta el momento hayan dado el menor resultado.

En todo caso, es evidente que la tierra de Chaves, Griñán y Zarrías ha dado un salto cuántico en la evolución del trinque presupuestario, pasando del "colócanos a tos, Paco" al "dame una prejubilación que estoy harto de ser funcionario". Para que luego digan que tras treinta años de socialismo Andalucía no ha avanzado.

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