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Pablo Molina

La Nación Murciana busca su sitio en la República Plurinacional

Nos encontramos, es indudable, ante una jugada redonda la de los dirigentes del PP murciano. Como estrategas no tienen rival.

Pablo Molina
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Nos encontramos, es indudable, ante una jugada redonda la de los dirigentes del PP murciano. Como estrategas no tienen rival.
El presidente de Murcia, Fernando López Miras. | Efe

Este martes fue presentado en el Congreso de los Diputados el nuevo estatuto de autonomía de la Región de Murcia, para que se iniciara el trámite parlamentario que ha de convertirlo en una realidad. Se trata de una reforma integral del actual estatuto, acordada por unanimidad por los cuatro grupos presentes en el Parlamento regional la pasada legislatura: PP, PSOE, Cs y Podemos.

Todos están tremendamente orgullosos del ejercicio de consenso, mestizaje, tolerancia y otredad realizado por los cuatro partidos, que finalmente dieron a luz un instrumento que recoge, defiende y proclama todas las neurosis obsesivas de la izquierda zarrapastrosa, sin dejar de lado absolutamente ninguna.

El comienzo ya es ilusionante. En las democracias liberales, los poderes del Estado emanan del pueblo de la Nación en su conjunto, sin fragmentación posible. La propia Constitución Española hace recaer la soberanía nacional en el pueblo español; en todo el pueblo español. En Murcia, sin embargo, los poderes públicos tienen su legitimidad en la voluntad estatuyente de la gente del terruño, en una curiosa parcelación que poco tiene que envidiar a la del País Vasco o a la de Cataluña. O a la de Galicia, por poner otro caso extremo.

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Entramos en harina. El noble pueblo murciano, cuyas ansias de autogobierno se pierden en la noche de los tiempos, necesita que la ideología de género impregne transversalmente su norma más básica. Por eso se habla del derecho a la identidad de género y no del sexo biológico.

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La memoria histórica también queda consagrada en el nuevo estatuto murciano. Precisamente un día después de conocerse que, en virtud de esa ley infecta, el ministro Ábalos ordenó retirar al aeropuerto de Murcia el nombre de Juan de la Cierva, ilustrísimo murciano, inventor del autogiro y genio de la aeronáutica mundialmente reconocido.

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Los populares andan recogiendo firmas en defensa del Trasvase Tajo-Segura. En Murcia, me refiero. En Castilla-La Mancha las recogen a favor de cerrarlo, pero en todo caso el nuevo estatuto murciano no hace la menor referencia a la necesidad de un Plan Hidrológico Nacional, sino que reclama que llegue agua "con criterios de sostenibilidad". Justo lo que está haciendo Sánchez a través de su ministra Ribera: dejar a la cuenca del Segura sosteniblemente sostenida con el caudal que pueda generar, sin aportes de ningún otro río.

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La brecha salarial no existe, idiota. Es un invento de la izquierda. Las mujeres no cobran menos que los hombres por desempeñar idénticos trabajos, sino que todo obedece a un cálculo perverso de salarios totales que no tiene en cuenta las horas trabajadas y otros factores. Es igual. En Murcia, los poderes públicos, al margen de su signo político, deberán trabajar transversalmente para acabar con un problema que no existe, pero que a la izquierda le viene muy bien para su propaganda.

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Esto es lo que firmó en Murcia el PP con socialistas y podemitas (en Ciudadanos firman cualquier cosa y su contraria; no cuentan). Este martes, en el Congreso, los portavoces populares se felicitaban por este nuevo estatuto acordado con la izquierda. En agradecimiento por este gesto, los oradores de los demás partidos dedicaron sus intervenciones desde la tribuna del Congreso a insultar al Gobierno regional y a calificar a los populares murcianos de corruptos, golfos y sinvergüenzas. Bien les está.

Pero ni siquiera aquí acaban las humillaciones al PP. Ya hay varios ministerios que van a enmendar el nuevo estatuto porque les parece poco socialista. Entre ellos el de Carmen Calvo, que ha aclarado que los murcianos no podrán votar en referéndum (eso, solo en Cataluña). Los de Justicia, Agricultura e Igualdad también han aprovechado para introducir más memoria histórica, menos agua (aún) y más doctrina LGTBI+n.

Nos encontramos, es indudable, ante una jugada redonda la de los dirigentes del PP murciano. Humillan a sus votantes, los ponen a los pies de la izquierducha más ridícula de España (que ya es mucho) y a cambio reciben una catarata de insultos y un nuevo estatuto que será todavía más horroroso que el que salió del Parlamento regional. Como estrategas no tienen rival.

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