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Pablo Molina

La telebasura y sus muertos

Quizá no quepa atribuir a los responsables del programa ninguna responsabilidad de tipo legal, pero igual es un buen momento para que piensen en la desgracia de esta chica, a la que han contribuido, y de paso se avergüencen un poquito.

Pablo Molina
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Al programa de la tal Patricia en Antena 3, que en un alarde de ingenio se llama El diario de Patricia, le cabe el honor de haber subido un peldaño más en la escala del morbo televisivo tras el asesinato de una invitada por su ex novio, a quien se le dio la oportunidad de tontear con su víctima unos días antes a la vista de todos los telespectadores.

El acontecimiento habrá causado gran envidia en el resto de las cadenas por haberles robado la primicia de ser los primeros en mostrar a la audiencia a los personajes de una muerte anunciada. La víctima, una mujer de origen ruso, acudió al plató para que la productora le diera una sorpresa. Vaya si se la dio. En lugar de aparecer alguno de sus parientes, a quienes no veía desde hace años, apareció el ex novio, a quien no deseaba ver ni en pintura.

Quizá no quepa atribuir a los responsables del programa ninguna responsabilidad de tipo legal, pero igual es un buen momento para que piensen en la desgracia de esta chica, a la que han contribuido por su afán de captar audiencia, y de paso se avergüencen un poquito.

No se me ocurre una manera más decadente de pasar una tarde que conectar el televisor para ver uno de estos programas fecales, en los que so capa de mostrar a la audiencia unos testimonios "humanos", se ahonda sin pudor en el morbo de unas situaciones que corren el peligro de convertirse en tragedias. Porque ya no se trata de dos cuñadas que dejaron de hablarse porque una de ellas no fue invitada a la comunión de la Yessi y deciden ir a la tele a llamarse cochinas y sacudirse mutuamente un par de bolsazos. Estamos hablando de relaciones sentimentales que se rompen abruptamente, en muchos casos a causa de la existencia de malos tratos, a cuyos miembros se convoca en el plató para hociquear en el dramatismo de esa ruptura.

Las imágenes de la pobre chica rusa aguantando el tirón frente a su ex novio son las de una mujer aterrada, que quizás se pregunta en qué mala hora hizo caso a la invitación de Antena 3. Y encima no cobró ni un euro por contribuir a llenar las arcas de la productora. Jamás una vida fue menos valiosa. Enhorabuena, Patricia.

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