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Pablo Molina

Las armas biológicas que nunca existieron

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Salvo que algún experto en multiculturalidad demuestre que el gas Sarín es en realidad un elemento litúrgico inofensivo establecido por el Corán para su uso en determinados ceremoniales, todo parece indicar que la existencia de armas de destrucción masiva en Irak era algo más que una excusa para invadir un país rico en petróleo. Según la cadena de noticias Fox News, “Los análisis efectuados en un proyectil que explotó el sábado en Irak, confirman que contenía una cantidad estimada de tres o cuatro litros del agente mortal sarín, según relataron oficiales del departamento de Defensa a Fox News el martes pasado. Este hallazgo se suma a otro proyectil relleno con gas mostaza, posiblemente también formando parte de un dispositivo explosivo improvisado, que fue descubierto el pasado 2 de mayo.”
 
Conviene recordar que el gas sarín fue utilizado por Sadam Husein en los ataques aéreos contra la ciudad kurda de Halabja, en 1988, durante los cuales murieron asesinadas más de 5.000 personas, y alrededor de 65.000 quedaron gravemente heridas.
 
Por otra parte, como acertadamente escribe F.J. Gaffney, “prácticamente todo el mundo —miembros de los servicios de inteligencia de la coalición internacional, la ONU, incluso los franceses, alemanes y rusos— reconocían que, en algún momento, Sadam tuvo armas biológicas y químicas, y un programa para construir armas nucleares. Desde el momento en que no dio cuenta de forma satisfactoria de la completa destrucción de las existencias de armas de destrucción masiva, como las que había usado previamente en ataques letales sobre Irán y sobre su propia población kurda, la única conclusión razonable era que continuaban existiendo en alguna forma, y en cantidades desconocidas. (...) El Grupo de Inspección de Irak, un equipo de especialistas que han estado rastreando Irak desde la caída de Bagdad, intentando descubrir y neutralizar las armas de destrucción masiva de Sadam, ha confirmado que mientras han estado eludiéndoles con las armas actuales, el antiguo régimen ha tenido la posibilidad de producir nuevas remesas de agentes biológicos y químicos. Todavía los escépticos eligen ignorar la realidad: Que en manos equivocadas, incluso pequeñas cantidades de estas sustancias tóxicas —precisamente las que pueden ser elaboradas en muy pequeña escala—, pueden causar inmensas pérdidas humanas.”
 
“El que fuera Secretario de Estado de Defensa con Bill Clinton, testificó que en 1998, los principales expertos en gas nervioso de Sadam se reunieron en varias ocasiones con miembros de al-Qaeda en Bagdad. (…)Tan sólo hace unas semanas, un grupo de agentes de al-Qaeda radicados en Irak fueron capturados antes de que llevaran a cabo una operación destinada a asesinar decenas de miles de jordanos con gas venenoso. Evidentemente, el fallo del intento de cometer tal atrocidad permite a algunos persistir en la fantasía de que el caso de las armas de destrucción masiva de Sadam sigue sin tener fundamento.”
 
El descubrimiento de armas biológicas en Irak, no ha merecido ni la centésima parte de la atención que la prensa española viene dedicando a las vejaciones cometidas por soldados americanos a prisioneros iraquíes en una cárcel de aquél país. Lo que pone de manifiesto, una vez más, la enorme potencia desfiguradora de la realidad que tiene la “opinión publicada progresista”. El celo de todos estos “propagandistas” venales y “junta-tópicos” que opinan sobre la guerra sólo es comparable a su supina ignoranca del ius in bello. Por su parte, el cabeza de lista del PSOE para las elecciones europeas, que seguramente no sabe que el ius in bello es el derecho de la guerra, pontifica con admirable desparpajo sobre las torturas en las cárceles de Irak, olvidando las cometidas por el GAL en España cuando él mismo formaba parte del Consejo de Ministros. ¿Qué dirá ahora sobre la intervención aliada de la que España formó parte, toda vez que las armas biológicas comienzan a aparecer? Probablemente encuentre la forma de excusar su responsabilidad, pues si algo distingue a la izquierda es su asombrosa capacidad para sentirse ajena al destino de nuestro modo de vida occidental. Lo malo es que ahora está en el poder y sus suerte es la del todos los españoles.

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