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Las fragonetas de Barreda

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia.

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La imagen de un operario de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha llenando una furgoneta con bolsas de basura llenas de documentos, es tan descriptiva que cualquier intento de explicar la escena sólo consigue acrecentar la certeza de que se trata de un expolio documental en toda regla.

Marcelino Iglesias, a pesar de su intelecto privilegiado, lo ha terminado de arreglar diciendo que el funcionario del grupo D con mono azul estaba transportando en esos cuarenta o cincuenta sacos de basura únicamente "archivos personales", pero entonces surgen varias incoherencias que ni siquiera el gran Marcelino parece haber previsto en su muy estudiada estrategia de desactivación de los efectos de la ya famosa instantánea.

Primero, en una administración pública no existe eso que Marcelino denomina "archivos personales", porque cualquier documento generado es de carácter público excepto los que afectan a la carrera profesional de un funcionario en concreto y que, por su propia naturaleza, no exceden de cuatro o cinco folios según el número de traslados o ascensos que el empleado en cuestión haya conseguido a lo largo de su vida laboral. Convengamos en que resulta como mínimo dudoso que todos los funcionarios de la comunidad autónoma hayan decidido de golpe desprenderse de sus nombramientos oficiales metiéndolos en sacos de basura para su posterior destrucción.

Segundo, si el todavía secretario de organización del PSOE confundió "archivos" con "efectos" personales el asunto no hace más que empeorar, porque los portarretratos, los cubos para lápices y otros regalos del Día del Padre o de la Madre así como los dibujos que los niños dedican a sus progenitores caben perfectamente en una caja de folios o una bolsa mediana de El Corte Inglés. Tampoco parece probable que todos los funcionarios de la Junta hayan decidido simultáneamente desprenderse de sus recuerdos familiares de una forma tan mezquina.

Entonces ¿Qué contienen esas bolsas que tan nerviosos ponen a los socialistas y tan verborreico a Marcel.li? Pues papeles, claro, que además van a ser llevados a la incineradora, porque ese curioso sistema de archivo en sacos de basura no parece aventurar otro destino.

Si se trata de documentos oficiales, como parece, los responsables de su desaparición están cometiendo un delito por más que el contenido de esos expedientes carezca de relevancia. Una infracción por lo demás absurda, porque con las nuevas tecnologías cualquier documento en papel tiene un soporte informático que lo justifica. Salvo, claro, que exista un circuito de expedientes escamoteados a la contabilidad electrónica.

Los populares dicen tener indicios de que en Castilla-La Mancha hay 2.000 millones de deuda oculta. ¿Tiene algo que ver la existencia de ese desfase en "B" con la actividad frenética de los socialistas desde el pasado 23 de mayo? La solución en las fragonetas de Barreda.

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