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Los 'podemiers' ya no saben apreciar la belleza de los escraches

El concejal podemita de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid ha probado un poco de la medicina que se han hinchado de recomendar a los demás.

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El acoso violento al discrepante político ha sido uno de los resortes más utilizados por los podemitas para hacer valer "los derechos de la gente". Pues bien, esa misma gente ha decidido que tiene que seguir haciendo escraches a los políticos, porque eso es lo que han aprendido de los podemiers cuando trataban de asaltar el cielo. Ahora que ya están al lado de San Pedro ha llegado el momento de que vivan en primera persona los alardes callejeros de "la gente" pacífica y dialogante.

El concejal podemita del Ayuntamiento de Madrid del que depende la Policía Municipal ha tenido la fortuna de ver lo bien que han aprendido sus enseñanzas los conciudadanos a los que una vez animó a violentar la libertad del adversario. Ha debido de ser emocionante para este concejal ver a la gente ejercer su derecho superdemocrático al escrache pacífico y dialogante contra el político, en este caso él mismo, oh felicidad.

El concejal Barbero debería haberse unido a los funcionarios de paisano que lo acosaban para escracharse a sí mismo en abrazo fraternal con todos ellos. Si "la gente de abajo" se siente maltratada por un político, es justo que le manifieste en persona su rechazo, sin que por eso tenga que molestarse nadie. De hecho, estas manifestaciones de pacifismo dialogante de "la gente" son un toque de atención que debería hacer a los dirigentes de Pablemos prescindir de los servicios del concejal, un presunto castuzo a tenor de la contestación que sus medidas están provocando entre “los de abajo”.

Lejos de ello, el concejal podemita ha huido en su coche oficial como un dirigente del PP valenciano cualquiera y, cuando se ha recuperado del susto, en lugar de agradecer "a los de abajo" esa sabia lección ciudadana y los elogios a su persona (le han llamado "rojo" y “perroflauta”, dos timbres de honor), ha pedido más apoyo de los antidisturbios, precisamente la unidad que él y su jefa Carmena han decidido desmantelar.

Parece claro, por tanto, que el concejal Barbero ha traicionado la confianza de "la gente". No está a la altura de lo que se espera de un podemita, razón por la cual seguramente va a ser necesario que esa misma gente le propine unos cuantos escraches más. Debería agradecerlo y disfrutar durante el proceso. Pocas veces le es dado a un político ver directamente lo bien que "la gente" imita su ejemplo y lo bien arraigadas que han quedado entre “los de abajo” las costumbres que él contribuyó a implantar.

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