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Pablo Molina

Los que defienden a ZP atacándolo

Cuando unos trabajadores con sueldos bastante aseados provocan por discrepancias con su empresa un caos de consecuencias irreparables y nos avergüenzan ante el mundo, el deber de un medio de comunicación es fijar las responsabilidades de unos y otros.

Pablo Molina
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Hay quien parece pensar que Libertad Digital es un ariete cuya única misión es arremeter contra el PSOE para que, de pasada, Mariano Rajoy gane las próximas elecciones. Ya sé que no se trata de una mayoría de nuestros lectores, oyentes y telespectadores, pero es un grupo que hace mucho ruido, con el riesgo de que el estruendo oculte la sensatez de que hace gala el resto de nuestra, a Dios gracias, nutrida, variada, solvente y por tantos motivos ejemplar audiencia.

Con el conflicto vivido en días pasados, cierre del espacio aéreo incluido, parece que todos debemos ir cogidos del ronzal denunciando a Zapatero y aplaudiendo a los controladores, esos héroes liberales que han puesto a un Gobierno dañino contra las cuerdas y que sólo han depuesto su audaz actitud después de que el PSOE diera un golpecito de estado con su vulneración del orden constitucional.

Quien crea de verdad esa tesis es muy dueño de defenderla desde la tribuna pública, pero los que preferimos analizar los hechos para extraer conclusiones y no al revés, también estamos en nuestro perfecto derecho de decir que, más allá de la imprevisión del Gobierno, los controladores aéreos son los primeros responsables de un acto de vandalismo con gravísimo perjuicio nacional, sin que por eso se nos tache de colaboracionistas del marxismo zapateril o lacayos de Rubalcaba, que ya hay que tenerlos bien puestos.

Cuando unos trabajadores con sueldos bastante aseados provocan por discrepancias con su empresa un caos de consecuencias irreparables y nos avergüenzan ante el mundo, el deber de un medio de comunicación es fijar las responsabilidades de unos y otros en su justo término, aunque el ministro del ramo se llame Pepiño, el presidente se apellide Zapatero y, sí, con gran dolor del teclado, aunque el valido plenipotenciario de este último sea el maléfico Rubalcaba.

El balance de estos casi siete años de Zapatero al frente del poder es tan funesto que no es necesario recurrir a añagazas dialécticas de última hora para ponerlo de manifiesto con la necesaria contundencia, no sea que de tanto forzar los argumentos los socialistas acaben vendiendo al electorado un victimismo muy rentable en términos electorales. Zapatero y el PSOE están siendo letales para la nación española en todos los órdenes y por eso deben abandonar el poder de la forma más ignominiosa posible. Mientras tanto que trabajen, que para eso les pagamos.

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