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Pablo Molina

Naturalmente, arriba España

La izquierda se avergüenza de nuestro pasado común y los nacionalistas lo desprecian profundamente, pero ambas visiones no pasan de ser dos actitudes legítimas que más que en el terreno de la doctrina política merecen ser tratadas en el de la psiquiatría.

Pablo Molina
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El hecho de que en la II República, según Bono la mayor etapa de libertad de la nación antes de la Gloriosa Transición Española, la izquierda exhibiera pancartas con el lema "Abajo España, Viva Rusia", no debería constituir para los españoles actuales el marco ético de lo que se puede desear o no en público a nuestro país. Tampoco es que tengamos demasiados motivos para sentirnos orgullosos de nuestra nación en términos actuales, vista cómo está la cosa, pero la Historia de España no comienza con la llegada de Zapatero al poder, aunque él y sus votantes opinen sinceramente lo contrario.

La izquierda se avergüenza de nuestro pasado común y los nacionalistas lo desprecian profundamente, pero ambas visiones no pasan de ser dos actitudes legítimas que, en todo caso, más que en el terreno de la doctrina política merecen ser tratadas en el de la psiquiatría.

Cualquier español tiene el derecho de desear lo mejor a su patria resumiendo su anhelo con la exclamación que estime pertinente. En todo caso el "arriba España" que tanto parece ofender a los progres es lo que vocearon miles de veces los papás de la mayoría de los dirigentes socialistas actuales cuando servían a Franco, por cierto, con gran lealtad como demuestra la carrera meteórica de casi todos ellos. Sus hijos ahora se avergüenzan y prefieren referirse a "este país", los marxistas más desnortados al "Estado centralista" y los separatistas a la "puta España". Todos ellos están en su derecho de hacerlo, exactamente igual que los demás también estamos facultados para defender el legado de nuestros antecesores y manifestar nuestro cariño y respeto por la patria de la forma que estimemos conveniente.

Lo que sorprende de la izquierda española y sus aliados no es que decidan obviar el hecho de pertenecer a una nación milenaria, sino lo mucho que les molesta que haya quien no se abochorne, como ellos, de ser españoles.

Los argentinos tienen una sentencia muy recia para los que se avergüenzan de la patria, que especula con el oficio de la madre del sujeto en cuestión. Aquí, en cambio, los términos se invierten, y el insulto se dirige a los que se muestran felices de ser españoles y lo expresan con una frase que la izquierda ha condenado en su metódica "damnatio memoriae", asumida acríticamente por la derecha política como no podía ser de otra manera.

Hoy es el día de la Patria, como ha podido comprobar un airoso Zapatero a poco que haya prestado atención al sonido ambiente, así que, como dirían los padres de Bono, Griñán o de la Vega, arriba España y al que le moleste que se vaya aplicando el dicho argentino.

Colaborador de Libertad Digital.

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