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Pablo Molina

Parados por decreto

La recesión será larga, pero en lugar de reparar el casco de un buque agujereado por todos los lados, Zapatero y Corbacho prefieren quedarse en la sentina achicando agua mientras quede dinero para pagar el alquiler de las bombas.

Pablo Molina
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Zapatero ha decidido zanjar las negociaciones con patronal y sindicatos, y el próximo trece de agosto establecerá un nuevo subsidio por decreto-ley, que es precisamente lo que se espera de un político que ha hecho del diálogo y el talante los ejes transversales de su acción de gobierno.

Como los niños tozudos cuando les llevan la contraria, Zapatero también se enfada cuando una de las partes en litigio no se pliega a su dictado, de ahí que haya manifestado su profundo enfado porque la CEOE se haya atrevido a cuestionar su “modelo de crecimiento”, proponiendo medidas elementales como rebajar los impuestos y las cargas sociales a las empresas en dificultades.

El problema del presidente del Gobierno, como buen socialista, es que su principal objetivo no es tomar medidas serias contra la recesión y el desempleo para que la sociedad civil cree empresas y puestos de trabajo, sino mantener satisfechos a los grupos de presión que pueden amenazar sus expectativas electorales a medio plazo. Zapatero prefiere muchos parados con subsidio a trabajadores independizados de la ubre estatal, porque mientras los primeros suelen agradecer con su voto la “redistribución de riqueza” llevada a cabo en su beneficio, los segundos son incontrolables.

Si hay que tomar medidas impopulares para salir de la recesión, y todas las decisiones efectivas lo son especialmente en unas sociedades acostumbradas al paraguas protector del Estado, que nadie espere que Zapatero vaya a adoptar ni siquiera las de menor coste político. Mucho menos le veremos emprender una reforma del mercado laboral aunque todas las instituciones serias se lo pidan a gritos, incluidas las presididas por miembros de su partido. El presidente no está dispuesto a pasar a la nutrida historia de los desafueros socialistas en nuestro propio país como el gobernante que propició un mercado del trabajo más ágil y competitivo, porque los liberados sindicales se echarían a la calle y Zapatero no quiere esa foto en su álbum de recuerdos.

La recesión será larga, pero en lugar de reparar el casco de un buque agujereado por todos los lados, Zapatero y Corbacho prefieren quedarse en la sentina achicando agua mientras quede dinero para pagar el alquiler de las bombas. Todo para que los sindicatos, cómodamente instalados en la cubierta más lujosa, no experimenten la menor molestia durante la travesía. Con llegar a puerto en 2012 sin habernos hundido del todo la misión estará cumplida.

Colaborador de Libertad Digital.

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