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Pablo Molina

No está en sus cabales

Es cierto que Sánchez ya había dado muestras de una personalidad extraña, pero es que ahora se cree víctima de la conjura de unos poderes ocultos.

Es cierto que Sánchez ya había dado muestras de una personalidad extraña, pero es que ahora se cree víctima de la conjura de unos poderes ocultos.
Un momento de la entrevista de Pedro Sánchez con Antonio García Ferreras. | La Sexta

La entrevista de este jueves de Antonio García Ferreras a su tocayo Sánchez hay que guardarla como un documento periodístico de enorme valor porque es la primera prueba irrefutable de que tenemos un presidente del Gobierno que no está bien de la cabeza. Es cierto que Sánchez ya había dado muestras de una personalidad extraña, que en un principio se atribuyó al narcisismo propio del político que triunfa. Pero es que ahora se cree víctima de la conjura de unos poderes ocultos para acabar con las conquistas sociales que ha traído su Gobierno a la clase media trabajadora y, lo que es peor, está decidido a actuar en consecuencia.

Las manías persecutorias tienen tratamiento y cursan sin grandes problemas salvo para los pacientes que las sufren, pero un presidente del Gobierno que cuando la opinión pública le da la espalda lo atribuye sin la menor duda a una conspiración oculta contra su persona, es capaz de hacer cosas que nos van a dejar como a los paisanos a los que se les aparecía la Virgen antiguamente: estupendos.

Ferreras le preguntó simplemente cómo había encajado la dura derrota de las elecciones andaluzas, una cuestión que podría haberse saldado con un comentario general sobre la particularidad de unas elecciones autonómicas, que impiden extrapolar sus resultados, o pegando directamente un lastrazo y decir que Moreno Bonilla ganó gracias al dinero que le había mandado él desde Madrid. Pero Sánchez tiene una teoría mejor, basada en algo que solamente ven él y sus votantes, que resumió en que todo se debe a que los poderes ocultos de siempre tratan de derrocar a su persona y a la troupe progresista que le acompaña.

Claro, cuando alguien que ejerce el poder se cree obligado a defenderse de amenazas oscuras dice cosas como Sánchez anoche cuando se refirió a la necesidad de cambiar a los miembros del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, porque ya no responden a la mayoría social surgida de las últimas elecciones generales. O sea, que no son lo bastante rojos. Y si la oposición no le permite el enjuague no es por disimular la zafiedad con que los políticos mangonean la Justicia, sino porque esos partidos están controlados por personajes poderosos dispuestos a todo para que su persona no los despoje de sus privilegios ancestrales.

Este es el hombre que dirige los destinos de España en estos momentos, con una guerra en el Este de Europa, una crisis económica en ciernes y la inflación completamente desbocada. Necesita ayuda. Y nosotros, más aún.

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