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Pablo Molina

PPuenting

Aún faltan siete meses para las elecciones autonómicas y municipales, tiempo más que suficiente para que Rubalcaba ordene otras labores investigadoras de similares proporciones en autonomías y municipios desafectos.

Pablo Molina
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Si usted quiere experimentar sensaciones apasionantes o vivir episodios al borde del abismo puede practicar cualquier modalidad absurda de deporte de riesgo o, si tiene más agallas, afiliarse al PP y esperar a que lo nombren alto cargo, en cuyo caso el vértigo vital está más que asegurado.

El episodio vivido hoy en el Ayuntamiento de Murcia, con un destacamento de la Guardia Civil efectuando registros por sorpresa como si de una compleja operación contraterrorista se tratara, no es el primero que ocurre en la región. Varios ayuntamientos, por supuesto gobernados por el PP, han sido sometidos a este peculiar sistema de investigación por supuestos delitos administrativos que, suponemos, tienen poco que ver con la seguridad nacional como para emplear semejante alarde de efectivos. Algunos alcaldes y otros cargos del PP murciano han sido detenidos, incomunicados, llevados a presencia del juez y más tarde puestos en libertad, con el daño consiguiente para su imagen pública y también privada. Y es que las consecuencias de haber acaparado las portadas de los principales medios de comunicación duran bastante más que las marcas de las esposas.

No seremos tan ingenuos como para poner la mano en el fuego por nadie, sobre todo cuando lo que se ventilan son asuntos relacionados con el urbanismo, que tantas fortunas ha hecho aparecer en tan cortos periodos de tiempo. No obstante, no parece muy apropiado, en cuanto a la igualdad de trato judicial se refiere, que estos casos ocurran casi siempre en lugares en los que el PSOE aumenta progresivamente la intensidad de sus batacazos electorales. Será una casualidad, pero la imagen de una justicia independiente se resiente con esta aparente desigualdad de trato.

Aún faltan siete meses para las elecciones autonómicas y municipales, tiempo más que suficiente para que Rubalcaba ordene otras labores investigadoras de similares proporciones en autonomías y municipios desafectos. Si yo fuera un alto cargo del PP, Dios no lo quiera, me iría de vacaciones a convivir en solitario con las serpientes más venenosas de las selvas asiáticas o a escalar grandes picos con la única ayuda de un cortaúñas. En ambos casos se está mucho más seguro que en un despacho oficial con el símbolo de la gaviota.

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