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Pablo Molina

¿Qué esperabas, Valeriano?

A ti te ha engañado como a todo el mundo exceptuando a personajes tan prescindibles como la Pajín, cuya tosquedad metódica, fruto de lo inhóspito de su aptitud profesional, hace que le dé exactamente igual el lugar al que ZP acabe destinándola.

Pablo Molina
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Los socialistas que acuden a la llamada de Zapatero para desempeñar altos cargos en el Gobierno o la administración, piensan con asombrosa ingenuidad que a ellos no les va a engañar. Saben que el componente esencial de la personalidad de ZP es su afición a la mentira para disfrazar una incompetencia proteica, pero creen que se trata de una artimaña que el presidente sólo utiliza frente a su electorado y el resto de la opinión pública. Más tarde se dan cuenta de que los primeros engañados son ellos, los miembros y miembras de su círculo más cercano, pero entonces ya es demasiado tarde para rectificar.

Es lo que le ha pasado al gran Valeriano, sucesor de Corbacho en el ministerio de la Ruina Laboral, que en estos momentos tiene un enfado monumental porque seguramente creyó que Zapatero lo nombraba para que gestionara el desastre de acuerdo con su propio criterio. Pues no, Valeriano, ¿Qué esperabas? A ti te ha engañado como a todo el mundo exceptuando a personajes tan prescindibles como la Pajín, cuya tosquedad metódica, fruto de lo inhóspito de su aptitud profesional, hace que le dé exactamente igual el lugar al que ZP acabe destinándola. Ella está para hacer lo que diga el jefe, si es que dice algo, y si no a poner caritas y a jugar a los ministerios como buena adolescente intelectual.

La aniquilación del auxilio para la supervivencia de los parados que han agotado la prestación de desempleo, vendida por ZP en sede parlamentaria como una medida imprescindible para salir de la crisis, es tal vez el mayor sapo que deberá jamás tragarse un ministro representante del tercio sindical. De sobra sabe todo el mundo que es una decisión intrascendente en términos económicos, pero de lo que se trata es de dar una imagen de firmeza ante los mercados internacionales, al menos hasta que pase la tormenta financiera y ZP anuncie que de lo dicho nada de nada. En todo caso, ahora le toca al ministro del paro apoyar la canallada de su jefe con la mejor de sus sonrisas. Un señor con bigote, que participó en las algaradas sindicales del pasado 29 de septiembre convocadas por los sindicatos como protesta por agravios mucho menores que el que ahora ha impuesto Zapatero, obligado a llevar a la práctica el desahucio de casi un millón de familias condenadas a la indigencia por el partido de los descamisaos.

Engañarte a ti, Valeriano, que fuiste el que inventó la tomadura sistemática de pelo a la opinión pública mediante la utilización del corrector mecanográfico. Si no fueras socialista hasta darías un poquito de pena.

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