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Pablo Molina

REC

No estamos dispuestos a que nos amedrenten después de habernos vaciado el bolsillo. Esta huelga ya no tiene solución, pero el documento que hagamos entre todos servirá para acabar con los restos de legitimidad de los sindicatos.

Pablo Molina
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Las condiciones en la España de Zapatero para organizarle una huelga general no podrían ser más favorables si no fuera por la escasa credibilidad de los convocantes. En otras situaciones menos duras para los trabajadores, las huelgas generales convocadas por UGT y CCOO fueron un éxito de crítica y de público, como en 1988 y, más aún, en 1992, con una situación económica, social y política mucho más decente de la actual. Sin embargo, las perspectivas de éxito de la convocatoria lanzada por Méndez y Toxo no permiten aventurar que ésta vaya a ser el éxito rutilante que los sindicatos prometen a quien quiera escucharle.

Esta certeza anticipada de que la huelga puede ser un fracaso es lo que va a hacer que los piquetes sindicales aumenten sus coacciones tanto en número como en intensidad. En Canarias, Comisiones Obreras ya ha advertido a los padres que no lleven a los niños al colegio por lo que les pudiera pasar, algo que no había ocurrido hasta ahora o al menos no con tanta desfachatez. Esta preocupación por la integridad física de nuestros hijos se extiende a otras regiones como corresponde a una consigna general que los sindicatos imponen a sus liberados. En el colegio de mi hija pequeña, que está en la península, los profesores han dicho que llevemos a los niños a clase, salvo que algún piquete nos "informe" a las puertas del colegio de que es desaconsejable para la salud infantil convertir a los pequeños en esquiroles involuntarios. Si tuviéramos la certeza de habrá allí un pelotón de policías dispuesto a reducir y meter en un calabozo a los que profieran tales amenazas, el problema sería menor, pero como los sindicatos ya han declarado que las garantías constitucionales quedan suspendidas este miércoles, igual muchos padres opinan que es mejor no correr el riesgo de que su hijo vuelva a casa traumatizado por esta lección práctica de Educación para la Ciudadanía.

Cuando una organización paraestatal se apropia de las calles y el Gobierno se inhibe en la defensa de los derechos constitucionales por identidad ideológica con los organizadores de la algarada, los ciudadanos que queremos ser libres sólo podemos denunciar las agresiones de que seamos objeto. No a Zapatero, claro, sino a la sociedad entera y a la opinión pública del resto del mundo.

Por eso es necesario grabar, fotografiar y recoger por cualquier medio posible las conductas de los agitadores y la ausencia de respuesta del gobierno y hacerlas públicas a través de medios de comunicación como esta casa. No estamos dispuestos a que nos amedrenten después de habernos vaciado el bolsillo. Esta huelga general ya no tiene solución, pero el documento que hagamos entre todos servirá para acabar con los restos de legitimidad de unas organizaciones que han hecho del expolio y la coacción los únicos medios para seguir viviendo a nuestra costa. Dejemos esta noche todas las cámaras digitales y los móviles de casa cargando baterías. Mañana van a tener trabajo.

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