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Pablo Molina

Sonsoles, convéncelo

Sonsoles tiene que introducir en la mollera presidencial la idea de que dimitir en estos momentos es lo más progresista, feminista y laicista que imaginarse pueda, probablemente la única manera de que acepte el consejo.

Pablo Molina
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La única posibilidad de que la economía española comience a manifestar algún signo de recuperación es que Zapatero se marche. Cuanto antes y lo más lejos posible. Ese será el momento equinoccial en que los brotes comenzarán a aparecer en la superficie de nuestro humus productivo y el presagio de un reverdecimiento general, que es lo que empresarios, padres de familia y trabajadores no afiliados a los sindicatos de clase (alta) estamos esperando desde hace ya demasiado tiempo.

Todo el mundo está convencido de que el principal factor que impide que España salga de esta recesión tan idiota que el socialismo ha provocado es el adolescente circunflejo que juguetea en La Moncloa. Hasta los dirigentes socialistas, que tras largos años cultivando esa ideología perversa son bastante obtusos para identificar la realidad, comienzan a sospechar que si ZP continúa al frente del Gobierno acabará destrozando también al PSOE, que es, en última instancia, lo que realmente interesa a los miembros más destacados de la secta.

Hasta que los barones del PSOE no han comprobado en el trasero de Montilla lo dolorosa que puede resultar una patada electoral, no había la menor posibilidad de que Zapatero sufriera un arrebato de sensatez y decidiera dejar un puesto de trabajo para el que jamás estuvo capacitado. Desde el domingo pasado, el pánico creciente a un batacazo electoral sin precedentes en los feudos autonómicos que aún controla el PSOE puede hacer que los barredas, varas y griñanes se sumen a la teoría de la Segunda Dama, según la cual es imperativo que ZP dimita de todos sus cargos, incluido el ministerio del Deporte.

La esposa del presidente del Gobierno tiene desde el domingo unos aliados emocionales que, sin duda, le van a ayudar notablemente en sus esfuerzos por introducir en la mollera presidencial la idea de que dimitir en estos momentos es lo más progresista, feminista y laicista que imaginarse pueda, probablemente la única manera de que acepte el consejo.

Sonsoles quiere irse de La Moncloa y el PSOE necesita que su esposo le acompañe libre de obligaciones. Ya que no lo hacen por los españoles, que lo hagan por la salud del sagrado vínculo matrimonial del presidente y la de un partido socialista que está a punto de irse por el desagüe de la política gracias a los méritos del personaje que tanto les encandiló en su día. Sonsoles insista. Es ahora o nunca.

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