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Pablo Molina

Un día sin cine español

Ya que hemos de pasar por ese trance, los contribuyentes exigimos al Gobierno que descuente a los actores la parte proporcional en la próxima tanda de subvenciones. Si viven como funcionarios, que lo sean con todas las consecuencias.

Pablo Molina
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La unión superciliar de actores ha decidido sumarse a la huelga convocada por los sindicatos de clase (alta) en un acto de solidaridad con la clase trabajadora realmente enternecedor, de tal forma que el próximo miércoles no habrá aportaciones sustanciales de nuestros profesionales al séptimo arte salvo la excepción de Torrente, un esquirol.

No sabemos contra qué o quién protestan los sindicalistas y los actores, porque una huelga general es evidentemente política y ambos gremios comparten con Zapatero ideología, intereses y modelo social. Además, compiten en admiración hacia el personaje como paradigma del compromiso con los valores de la izquierda caviar, cuyo primer mandamiento es "amarás el dinero por encima de todas las cosas y el del prójimo como a ti mismo".

La única explicación convincente para este fenómeno sociológico es que han recibido la pertinente autorización de La Moncloa para sumarse a esta jornada revolucionaria contra el capital, la globalización, la libre empresa, la reforma laboral, la Europa de los mercaderes y el resto de conjeturas metafísicas que forman el eje de primordial del pensamiento ZP. De hecho, si al presidente español le aseguraran que en la UE y en la Casa Blanca no se iban a enterar, seguramente aparecería llevando la pancarta junto a los líderes de la izquierda obrera, actividad fascinante a la que dedicó muchas horas de su tiempo el año anterior a su llegada al poder de la forma en que lo hizo.

Sea como fuere, el próximo miércoles se detendrá la maquinaria del cine español con todo lo que ello acarrea en términos de empobrecimiento de la cinematografía a escala planetaria. Un día sin rodajes de películas o series españolas es un estrago cultural del que tendremos que reponernos echando mano de nuestra reciedumbre de espíritu. Ahora bien, ya que hemos de pasar por ese trance, los contribuyentes exigimos al Gobierno que descuente a los actores la parte proporcional en la próxima tanda de subvenciones. Si viven como funcionarios, que lo sean con todas las consecuencias.

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