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Zapatero, el amo del calabozo autonómico

A dos meses de las elecciones, ZP puede provocar un auténtico desastre en las autonomías más pródigas del PP, porque algunas de ellas van a tener serios problemas hasta para pagar las nóminas de sus numerosísimos funcionarios.

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El grado de asfixia financiera que Zapatero está provocando en las autonomías que no gobiernan el PSOE o los nacionalistas puede llegar a originar graves revueltas sociales en las más afectadas, todas ellas en manos del PP. En Murcia ya ha habido agresiones, alguna de ellas bastante salvaje, y no es descartable que en la campaña electoral vuelvan a producirse algaradas de ese jaez si, finalmente, las finanzas de la comunidad autónoma entran en barrena como se prevé. Las denuncias de los presidentes regionales afectados por el maltrato financiero que el Gobierno está practicando hacia las autonomías que no controla en beneficio de Cataluña y, si sobra algo, de los feudos socialistas, no van a hacer que Zapatero atienda a los intereses generales por primera vez en su mandato y mucho menos estando a unas pocas semanas de las elecciones autonómicas. Los socialistas jamás han tenido escrúpulos y José Luis Rodríguez Zapatero no iba a ser una novedad.

Que el sistema autonómico es el mayor desastre que hemos padecido las últimas generaciones de españoles es algo que cualquier contribuyente sabe de sobra. Las autonomías son diecisiete losas que lastran nuestra recuperación económica y la harán inviable a menos que se acabe con este sinsentido territorial. Ahora bien, como instrumento del Gobierno para torcer voluntades políticas y conseguir mediante el chantaje lo que no se obtiene con una brillante gestión, resultan de lo más apropiado.

Se trata simplemente de imponer un severo castigo financiero a las autonomías que superen ciertos límites en la catastrófica secuela del déficit que arrojan; algo muy sencillo puesto que salvo Madrid, que suele practicar el sano equilibrio presupuestario, todas las demás son un pozo sin fondo que necesita constantemente del endeudamiento externo para financiar la juerga de sus nutridas castas locales. Así pues, y dado que es el Gobierno central el que tiene que autorizar estos lanzamientos de deuda pública de las autonomías, todo consiste en prohibir a unas comunidades la captación de los recursos necesarios para mantener abierto el chiringuito, mientras a otras se les autoriza subrepticiamente recurriendo a las añagazas habituales de la ingeniería contable, como sucede siempre con Cataluña y ahora también con Castilla-La Mancha y Andalucía.

El resultado es que, a dos meses de las elecciones, ZP puede provocar un auténtico desastre en las autonomías más pródigas del PP, porque algunas de ellas van a tener serios problemas hasta para pagar las nóminas de sus numerosísimos funcionarios. Una ocasión extraordinaria para devolver al Estado la mayoría competencias asumidas y, haciendo de la necesidad virtud, comenzar a poner un poco de orden en este desastre territorial que padecemos, sí, pero usted y yo sabemos que cualquier político se dejaría cortar la mano de su chófer antes que renunciar a una parcela de poder.

Zapatero, que sabe muy pocas cosas pero las sabe muy bien, es consciente de que tiene en su mano la capacidad de maquillar el tremendo desastre electoral que se le avecina en las inminentes autonómicas y municipales, e incluso darle la vuelta a los resultados en algunos feudos rojos que el PP ya da por ganados. No sería la primera vez que los socialistas consiguen algo parecido.

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