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Pablo Molina

Zapatero no quiere héroes

Los autónomos y pequeños empresarios son unos héroes, pero en lugar de agradecimiento sólo cosechan el resentimiento de los envidiosos e incapaces que viven del esfuerzo ajeno.

Pablo Molina
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Los socialistas desconocen cuáles son los mecanismos que permiten la creación de empleo y riqueza, no ya por incapacidad intelectual, que también, sino porque lo que les funciona para mantenerse en el poder es la desesperanza de una masa depauperada. En contextos de bienestar económico y paz social la demagogia no funciona electoralmente, de ahí que el socialismo suela llegar al poder únicamente en situaciones de gran convulsión, como acredita la trayectoria del Partido Socialista Obrero Español, especialmente la más reciente.

Si empeñar el patrimonio personal en llevar a cabo una idea para satisfacer las necesidades de los futuros clientes exige siempre cierta dosis de arrojo, mantener a flote una empresa por pequeña que sea, en medio de una recesión económica y con el gobierno legislando en contra, es ya una cuestión de heroísmo. Los autónomos y pequeños empresarios son esos héroes, pero en lugar de agradecimiento sólo cosechan el resentimiento de los envidiosos e incapaces que viven del esfuerzo ajeno.

Los autónomos españoles se quejan, con toda razón, de que están soportando lo más duro de la crisis. Ni son tan grandes como para fagocitar el presupuesto público a base de subvenciones, ni tan pequeños como para recoger las migajas que el socialismo dispersa entre los últimos eslabones de la cadena productiva. Y sin embargo son la columna vertebral de nuestra economía, los que hacen funcionar el país y los que crean riqueza y empleo en un porcentaje mucho mayor que el resto de agentes económicos, circunstancia que si en tiempos normales pasa desapercibida para los políticos, con Zapatero en el poder les convierte en objetivo prioritario de su tarea destructiva.

Zapatero va a sospechar siempre de quienes demuestran con su trayectoria vital independencia de criterio para idear nuevas formas de beneficio y agallas para transformarlas en realidad. Con ellos no puede, porque conocen cómo funciona la vida real y, en consecuencia, no aceptan la demagogia de la izquierda. Tampoco de la derecha.

Lo más extraordinario es que no piden subvenciones ni gabelas al estilo sindical, sino impuestos bajos y líneas de crédito para mantener su negocio a flote. Tendrán, ya lo están experimentando, todo lo contrario.

La España de Zapatero no paga a héroes, sólo a traidores, así que la única solución que les queda a nuestros pequeños empresarios es resistir. Bien pensado, el felipismo también parecía eterno y "sólo" duró catorce años.

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