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Draghi, "el hombre de hielo"

Me cuentan que el enfado con el responsable del Banco Central Europeo es total. "El hombre de hielo", le apodan en Moncloa.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty:

La verdad es que me las prometía yo muy felices. El miércoles, en un receso del campus FAES –por cierto, cada vez mejor organizado y más interesante–, me dije a mí mismo que ésta iba a ser la semana política en la que reiniciar nuestro tonteo por carta, elogiarte tu moreno y poner de relieve que cada vez veo a más conocidos con tu libro. Ni siquiera el vacío que los míos han hecho a personalidades del partido hasta no hace mucho tenidas por referentes –Rodrigo Rato y Ángel Acebes– me hizo cambiar de opinión: este viernes, toca tonteo.

Todo parecía predispuesto. Tras el Consejo Europeo, los mercados más o menos reaccionaban conforme a lo previsto y el Gobierno se ponía, de momento solo en la teoría, manos a la obra para diseñar ese programa de reformas que –confirma Moncloa– vendrá el próximo viernes, con un adelanto por parte del presidente el miércoles. La hoja de ruta, pues, estaba marcada y yo fantaseaba con pullas a los tuyos, con sus líos y todas esas cosas que nos cuentas en tus crónicas. Pero entonces Mario Draghi optó por fastidiarnos, y tu moreno empezó a llamar la atención entre tanto nubarrón.

Me cuentan que el enfado con el responsable del Banco Central Europeo es total de puertas para adentro. No solo es que se negara a comprar deuda soberana, sino que donde esperaban mensajes de confianza en la economía española se encontraron severidad y exigencias. Y la prima de riesgo y el bono a diez años se fueron por las nubes. "El hombre de hielo", le apodan en Moncloa.

La vice pidió "cabeza fría" y no dejarse llevar por la psicosis, pero qué duda cabe de que en el Ejecutivo están preocupados. Cómo no estarlo. Admiten que Italia vuelve a llevarles la delantera con su severo plan de ajuste, pero piden tiempo. En siete días habrá novedades, y se incluirán muchas de las recomendaciones de los organismos internacionales. El presidente, que quiso aparentar tranquilidad, lanzó el mensaje al tejado comunitario: "Haremos todo lo posible para que la UE haga todo lo posible para que entre todos podamos superar la crisis económica". Lo que, en otras palabras, quiere decir que Rajoy se compromete a apretarse el cinturón hasta la asfixia, pero que Bruselas también tiene que moverse y que lo de Draghi no le ha gustado un pelo.

Mientras, se afanan en la diplomacia económica, que dijo Sáenz de Santamaría; no quieren un distanciamiento irreversible con Angela Merkel –al fin y a la postre, es ella quien controla en la sombra el BCE– después del alineamiento con Roma y París de la semana pasada. De hecho, se asegura, son muchos los puntos de encuentro con Berlín, hasta el punto de que Rajoy siempre dice que su compromiso con la austeridad no es por las presiones, sino por convencimiento propio: no gastar lo que no se tiene.

Pero bueno, utilizando un dicho que me repiten en Moncloa cuando la Bolsa se desploma –"Tú relájate y tómate una cerveza"–, vuelvo al campus FAES, en Navacerrada, que casi te permite desconectar del todo. Aquí se habló mucho de las no vacaciones del Gobierno, con hasta tres viernes de agosto con interrogación –móvil de ministro en mano–, por si se celebran Consejos de Ministros, y del enfado de muchos de la casa por el nulo respaldo a Rato y Acebes. "De ser el mejor vicepresidente del Gobierno de España a nada, en menos de seis meses", resumía un alto cargo.

Ya más tranquilo, te digo: cuanto más se acerquen las vacaciones, más tonteo; que de mí no te libras ni en la playa.

Un beso

Pablo

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