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Lamentos entre plato y plato en los círculos de poder

Me decía hace no mucho un destacado asesor que es mejor no quejarse del marrón político de turno porque, visto lo visto, a buen seguro ya asoma otro de mayores proporciones.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty:

El Gobierno vive de incendio en incendio. Cuando por fin parece que se encauza un asunto, aparece otro para desbaratar los cálculos monclovitas. Así una y otra vez. Me decía hace no mucho un destacado asesor que es mejor no quejarse del marrón político de turno porque, visto lo visto, a buen seguro ya asoma otro de mayores proporciones.

Como ejemplo de esta realidad tozuda, la expropiación de la filial de Red Eléctrica en Bolivia en pleno puente del uno de mayo, con la casi totalidad del gabinete gubernamental de puente. O los golpetazos bursátiles que ha recibido la banca, entre las peticiones de Mario Draghi –el infausto presidente del BCE, según los míos– de acelerar su saneamiento. O la rebelión de las comunidades no gobernadas por el PP, poniendo un pero tras otro a las reformas del Ejecutivo... Y eso que esta semana política iba a ser relajada.

De esto y de todo un poco despaché este miércoles en una interesante velada de la que poco puedo decir de sus integrantes, más allá de que eran empresarios, abogados y, cómo no, algún que otro dirigente de los míos. Te diría dónde se celebró la cita, pero es de esos restaurantes en los que, haciéndote sentir como en casa, a cierta hora te pasan el cenicero para que puedas disfrutar del puro o cigarrillo con la copa. Y vaya por delante que yo no fumo.

Dejo ya de ocultarte información. En la cena se habló sin paños calientes, poniendo encima de la mesa lo bueno y lo malo del Ejecutivo a juicio de los comensales. Paso directamente a lo negativo, y así ya te voy dando artillería para tu ansiada misiva. Los líos de comunicación fue lo más comentado, sin menoscabo de un intenso debate sobre la política penitenciaria, y eso que según los gurús populares no interesa a nadie.

Llevando dos horas el órdago de Evo Morales en los periódicos digitales, aún resultaba imposible dar con un ministro clave en la operación de respuesta, en Moncloa –en un primer momento literalmente vacía– se intentaba recabar datos acerca de lo que había pasado y en el PP hacían llamadas y más llamadas a ministerios sin personal –era festivo– para intentar hilar un mínimo argumentario que dar a sus portavoces. Dicen que el Ejecutivo supo de la maniobra tres horas antes; si tal extremo es cierto, ya me temo que el portador de tan valiosa información no la hizo extensible a los habituales, visto el caos originado, que poco a poco –y hay que incidir también en ello– se fue solucionado.

Lamentos entre plato y plato, y con la lengua más perspicaz según se aproximaba el fin de la velada, en mi mesa hubo consenso sobre la necesidad de tomar decisiones visto el agujero. Alguien que recibió herencia socialista expuso: "No podemos pagar las nóminas al final de mes. Hasta que no solucionemos eso, ya estamos hipotecados por meses". Hasta los más críticos –había mucho liberal fan de Libre Mercado– con la subida de impuestos, se mostraban comprensivos con la hoja de ruta del presidente.

Y entonces, en medio del debate sobre lo difícil que es explicar a un abuelo que tanto ha dado que lo que antes eran servicios básicos en realidad no lo son, salió el nombre de Soraya, la mía. Va un trimestre de Consejo de Ministros sin desgaste político y, analizada la tormenta, bien tiene mérito. "Las comparaciones son odiosas", se jactó un invitado, en relación a tu amiga De la Vega, y entiendo también a sus sucesores. ¡Tira de la manta!

Nosotros del PSOE no hablamos, ya sabes: terreno vedado. Ya en las copas, se empezó a hablar del medio plazo en la cúpula del PP, de rencillas varias y de esas cosas que tanto gustan en los círculos de poder y que... dejaré para otra carta.

Un beso

Pablo

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