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Mariano y mi hermana

Le vi bien, aunque le eché en cara que estuviera tan delgado: "Pero de deporte", matizó.

Pablo Montesinos
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La noticia este lunes no estuvo en el mitin, sino en la sala de prensa. Hasta allí se trasladó Mariano mientras en su teléfono móvil le llegaba la alerta de una prima de riesgo disparada. Él, sin embargo, evitó las estridencias. Diagnóstico crudo pero relatado de forma sosegada, incluso campechana. Su traje de presidente le queda niquelado, a la espera de rematar una campaña electoral que admitió que se le está haciendo larga.

Tanto antes como después de ese encuentro, Rajoy fue rodeado por un grupo de jóvenes, con quienes siempre se muestra cómodo. Recuerdo una charleta de cerca de media hora que mantuvo con estudiantes que pasaban por allí, a la salida de un acto -ya entrada la noche- en Madrid. Carmen Martínez Castro, su asesora de confianza, a punto estuvo de necesitar una grúa para llevárselo. Allí no había cámaras; lo hizo porque le interesaba.

Saco este hecho a colación porque, contado todo lo gordo del on the record sin comillas de la crónica seria, me he reservado una cosita. Y ya te advierto que barro para casa y que la percha es esa juventud con la que el líder se identifica. Te pongo en contexto: mi hermana Lucía, dieciocho años, votó por primera vez en las elecciones autonómicas de mayo, y aproveché un mitin que el jefe popular tuvo en Antequera para llevármela conmigo.

No es que a Luci le apasione la política (la inmensa mayoría pasa de ella), pero quería que tuviera un cuerpo a cuerpo, que escuchara el mensaje y que opinara. Al terminar, Mariano estuvo despachando con ella, y sacó un titular: "Tiene la cabeza muy bien amueblada". Ella prefirió otro: "Me ha gustado lo que me ha contado" pero, desde el atril, "dijo lo que la gente quería oír".

La fotografía volvió a repetirse el sábado en Pamplona, donde arranca este año su aventura universitaria. Y éste fue el gancho que utilizó Mariano en nuestro aparte, dejando claro dos cosas; que no olvida (Lucía le prometió vigilancia sobre mis crónicas, y él me lo recordó) y que se entera de casi todo. Le vi bien, aunque le pregunté por su pérdida de peso: "Deporte", matizó, llevando por bandera que siempre echa en la maleta sus zapatillas y ropa ancha.

Fue una jornada de batallitas, ¡imagínate lo sobraos que están! Que si fue monaguillo en un pueblo cercano de León, que si la prensa llegaba con dos días de retraso... y de su otra casa a tierra hostil: Oviedo. En las posesiones de Francisco Álvarez Cascos, Rajoy llenó el magnánimo palacio de Calatrava para sacar músculo político. En su bolsillo, sondeos que auguran que esta vez él será quien le gane el pulso a su antiguo compañero de gabinete y siglas.

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