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Otra vez fuera del G-4: así fue la caída de Rato

El viernes 4 unos pocos privilegiados del núcleo duro de la Moncloa ya sabían lo que iba a ocurrir. Pero guardaron un escrupuloso silencio porque, por segunda vez, uno de los grandes diseñadores del milagro económico de 1996 iba a ser sacrificado.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty:

Siete días y una caída. Una semana política con un único nombre propio: Rodrigo de Rato y Figaredo. Cuando, tras el Consejo de Ministros del viernes 4, Luis de Guindos le hacía llamar a su despacho, en el Ministerio de Economía, unos pocos privilegiados del núcleo duro de la Moncloa ya sabían lo que iba a ocurrir. Pero guardaron un escrupuloso silencio porque, por segunda vez, uno de los grandes diseñadores del milagro económico de 1996 iba a ser sacrificado.

No pocos hacen paralelismos con el caluroso agosto de 2003. Entonces, don Rodrigo formaba parte del denominado G-4 del presidente Aznar, al que se unían Jaime Mayor Oreja, Javier Arenas y Mariano Rajoy. Hasta el lunes, era miembro del G-4 de las finanzas, mano a mano con Emilio Botín (Santander), Francisco González (BBVA) e Isidro Fainé (CaixaBank).

"Ha sido la decisión más difícil de mi vida. Para adoptarla solo he tenido en consideración el bien de España y del partido. Lo he meditado mucho y, al final he optado por Mariano", pronunció el hoy expresidente, habiendo reunido a sus notables en el palacio de la Moncloa. El elegido por Aznar y hoy presidente del Gobierno tiene otro estilo, y mandó a su hombre económico, delfín del propio Rato. Luis de Guindos fue el encargado de auspiciar la caída, en presencia de Botín, González y Fainé. Dicen que Rajoy nunca le llegó a pedir formalmente que se fuera, siguiendo la estela de los casos Camps o Bárcenas. El jefe hace una radiografía demoledora de la situación, expone que el precipicio está más cerca que nunca, pero no pronuncia las palabras malditas –véase, tienes que dejar la Generalidad valenciana– sino que obliga moralmente a que sea el receptor del mensaje quien tire la toalla.

Don Rodrigo lo pasó mal. En el PP, donde tiene muchos correligionarios, aseguran que hizo todo lo que pudo. Aún más, que hizo grandes avances, articulando la unión de siete cajas con problemas, la salida de Bankia a bolsa... "Pero encontró un agujero tan descomunal, tan inflado y desorbitado del que nadie nada le había dicho, que no pudo hacer más", según un cargo económico. El gobernador del Banco de España –el segundo nombre propio– vive ahora en el ojo del huracán: "Él es el cura en un matrimonio entre entidades y el máximo responsable de la unión", me simplifica un ministro, en relación a Bancaja. En privado, el Gobierno desliza que los informes presentados por Mafo eran irreales y, por tanto, "falsos".

Pero volvamos a Rato. El domingo, el presidente habla con él y le expone la situación a las bravas. Tampoco es que su compañero de gabinete con Aznar la desconociese. Según algunas fuentes, vuelven a charlar el lunes. En los círculos de poder se asegura que "algo" le debió prometer. "Es de justicia", añaden muchos. La inmensa mayoría descarta que vaya a ser el nuevo gobernador, habida cuenta de que uno de los principales motivos de la desconfianza exterior es el perfil político de quienes tendrían que ser 100% independientes. El Gobierno añadió este ingrediente a las razones para la salida de Bankia del exvicepresidente, y de hecho él lo expuso como motivo en su carta de despedida.

El lunes no había vuelta atrás. Cuando, a las nueve de la mañana, Rajoy se pone enfrente de los micrófonos de Onda Cero, el núcleo duro del Gobierno acaba de perfilar la maniobra, mientras algunos ministros y gran parte del PP desconocen qué va a ocurrir poco después. La nacionalización de la entidad ya estaba en la mente del jefe cuando, ante Carlos Herrera, avanzó la segunda fase de la reforma del sistema financiero.

Cuando uno de los míos es abatido por las circunstancias que sean, y aunque su futuro pueda ser halagüeño, los cimientos se tambalean. Y así ocurrió esta nueva semana. "¿Por qué Rajoy no le ha agradecido en público su labor?", se preguntó un afín a Rato. "¿Por qué se tardó hasta el jueves en defender su figura?", completó.

La siguiente pieza del puzzle es otra salida, pero la de MAFO. El mismo que "coge el teléfono antes a Rubalcaba que a Rajoy", según lamentó un ministro. Por cierto, ¿crees que colaborarán los tuyos con el relevo? En el Gobierno ya advierten de que, sí o sí, en julio habrá nuevo supervisor de las entidades patrias, y que contará con el plácet de Europa.

Un beso

Pablo

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