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Presidente del Gobierno, no del PP

"Menos subida del IVA y más tocar la administración", fue la idea general. Y hubo quien lo dijo con mosqueo.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty:

Cuando Mariano Rajoy atravesó el pasillo del Congreso de los Diputados, tras más de seis horas en el hemiciclo, en el que informó del nuevo ajuste –muy duro y difícil para los ciudadanos de a pie–, sus asesores le llevaron al área de Gobierno; no cogió directamente el coche. En la puerta principal, unas docenas de funcionarios protestaban por el anuncio hecho solo minutos antes y su equipo no quería jaleos. Finalmente se decidió que saliera por la calle de atrás, para evitar cualquier tipo de incidentes. Le preguntaron entonces si creía que las medidas anunciadas iban a acarrear malestar en la calle: "No es grato", respondió lacónico.

Dicen los suyos que no fue un día fácil para él. "Los españoles no podemos elegir. No tenemos esa libertad", dijo en la mismísima sede de la soberanía nacional. Si es que nos queda algún tipo de soberanía, como se encargó de remachar tu líder. "No podemos elegir si hacer o no sacrificios", añadió. Cada frase más dramática, más difícil de entonar. Desde el miércoles, tal vez mucho antes, Rajoy dejó de ser presidente y candidato del PP, una vez presentó una enmienda a la totalidad no solo a su programa, sino a sus más profundos principios. "¡Cómo no va a estar mal!", en voz de un declarado marianista.

Te he de admitir que seguir al presidente me absorbe tanto que empieza a afectar a nuestra relación; así que me temo que tendremos que esperar a nuestra cartas privadas de verano, en la hamaca y entre mojito y mojito, para reactivar nuestro tonteo. Y creo que no solo por mi parte; me soplan que andas ensimismada por el follón en el PSOE ante Alfredo el Suave. ¡No nos dejan, con lo bien que nos lo pasábamos en campaña!

En fin, que vuelvo a mi redil político. Y en él, tras escuchar a Rajoy, hubo un doble sentimiento muy extendido. En lo patriótico, en la idea de que sin todos juntos esto es imposible, el presidente encontró a su bancada sin rechistar. Pero en las medidas emprendidas sí que hubo debate. La idea generalizada es que hay que cumplir con el sacrificio una vez impuesto –ese "no tenemos libertad" que da escalofríos– pero que hay otras áreas donde meter antes la tijera. "Menos subida del IVA y más tocar la administración", fue la idea general. Y hubo quien lo dijo con mosqueo.

Cuatro hijos, todos en el colegio. Del PP, y ejerce: "En septiembre todo me costará más y mi sueldo ha sido recortado. La beca de libros la suprimen. Cuestan más ir a la escuela", expone. "Y si yo hago ese esfuerzo, que me va a costar a mí y como a mí a miles y miles de personas, necesito que el Gobierno haga el mismo, si no más", eleva. Esto es: abrir en canal la administración y ajustar, ajustar y ajustar. Tijera y más tijera.

Yo soy de la teoría de que van a cumplir. De que tal vez debieron hacerlo antes, pero que llegará; que la reforma de la administración va a ser potente, y que Rajoy va a acometer aquello que tal vez sea el último eslogan que sobreviva de la campaña: una competencia, una administración. La vicepresidenta aseguró que viene de camino, pero que quieren hacerla bien. Este viernes ya supimos de un importante adelgazamiento de la estructura local. La gran reforma sería la mejor noticia antes de irnos de vacaciones; la bocanada que muchos de los míos necesitan para salir a la calle y admitir a sus votantes, descontentos, que pueden tirar a la basura su ideario político, pero que es por España, y todos, no solo los ciudadanos de a pie, están remando en la misma dirección.  

Un beso,

Pablo.

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