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"Un problema de Estado" en la Zarzuela

Tras el incidente, el Gobierno es consciente de que la Corona ya se ha convertido en una pieza más del puzzle de la crisis. Que puede volver a dar problemas y que cada movimiento de cualquier miembro de la primera Familia será analizado con lupa.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty

Si Mariano Rajoy ha querido siempre remachar algo, incluso cuando aún lidiaba en la oposición, es que a él solo le quita el sueño un asunto: la crisis económica. Así lo defendió cada vez que la actualidad iba por otros derroteros y le reclamábamos su opinión. Primero la economía y después, mucho después, el resto. Una regla de oro que quedó hecha trizas tras el batacazo real, y el polvorín generado una vez se constató que el monarca se recuperaría del percance.

Por primera vez desde que el PP accediera al poder, el Rey se convirtió en un “verdadero problema de Estado”. Ya no se trataba del duque de Palma, del disparo de Froilán o de las desavenencias de doña Letizia con las hermanas del heredero. “Estamos hablando del Rey y de un problema muy gordo de gestionar”, expuso un muy preocupado ministro, en las primeras horas de la crisis. “Es imposible defender lo indefendible”, fueron las palabras textuales de un relevante cargo del PP.

Las alarmas saltaron en el Gobierno. De hecho, a pesar del perdón real y del aura protectora que parece envolver, otra vez, a la Corona, el gabinete presidencial aún sigue en guardia. Para el Ejecutivo, y para Rajoy en particular, la crisis venía en el peor momento y abría un debate “muy peligroso”. En plena agujero económico, con sindicatos y formaciones de izquierda calentando la calle, el presidente observó en el incidente la mecha de un posible conflicto social de grandes dimensiones. Cospedal, que no es del Ejecutivo pero como si lo fuera, fue taxativa a micrófono abierto: “Creo que utilizar un acontecimiento concreto para crear dudas a las instituciones no es hacer un favor a la democracia”.

Lo que hacía la número dos del PP era expresar el temor del propio Rajoy, con el que mantiene conversaciones casi a diario y una conexión fuera de toda duda. El Ejecutivo vio tambalearse el actual sistema, y llamó a todos a capítulo, también a los tuyos. “Muy irresponsables”, se encargaron de enfatizar en el partido que sustenta al Gobierno. Y no porque muchos, la inmensa mayoría a buen seguro, no pensaran como Patxi López, sino porque querían alejar unos fantasmas que ocuparon, durante un preciado tiempo, más que la crisis económica.

Así las cosas, cuando el Rey se disculpó, el alivio fue inmenso. Rajoy sabía con antelación lo que iba a ocurrir, pero no como se iba a articular exactamente el paso. Fue informado puntualmente, a pesar de la diferencia horaria con México, donde se encontraba de gira oficial. La orden era clara: cierre de filas en cuanto el monarca se pronunciara, independientemente de lo que dijera. El PP tardó a penas unos minutos en remitir un escueto comunicado, pero con una idea clara: la monarquía "está en sintonía con lo que pueblo espera y necesita de ella".

Sin que se le preguntara, el presidente ensalzó en paralelo la figura de don Juan Carlos y, en conversación informal con periodistas -en la primera vez que pisaba el avión presidencial-, consideró cerrado el capítulo y llamó a dejar de “alimentar la polémica”. Aunque, admiten desde dentro del propio Gobierno, la herida no está cicatrizada ni mucho menos.

Tras el incidente, el Gobierno es consciente de que la Corona ya se ha convertido en una pieza más del puzzle de la crisis. Que puede volver a dar problemas y que cada movimiento de cualquier miembro de la primera Familia será analizado con lupa. Dicen en el PP que el deterioro de la Institución no le quita votos, pero sí que salpica al Gobierno. “Es un grano más en un posible estallido social”, asegura una fuente solvente. Y esto sí que le quita el sueño a Rajoy, el primero en echar agua al incendio real para poder volver a lo suyo: la economía.

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