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Pablo Planas

Aragonès come aparte

Al igual que todos los separatistas supremacistas, considera que el resto de las regiones de España son escoria dirigida por chusma y ellos no se mezclan con el vulgo. Así de claro.

Pablo Planas
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Al igual que todos los separatistas supremacistas, considera que el resto de las regiones de España son escoria dirigida por chusma y ellos no se mezclan con el vulgo. Así de claro.
Pedro Sánchez y Pere Aragonés, en una imagen reciente. | EFE/Andreu Dalmau

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, acudirá finalmente a la conferencia de presidentes autonómicos que se celebra este viernes en Salamanca. La dirigente popular recelaba y recela de las intenciones de Pedro Sánchez, que tiende a creer que esta clase de cumbres deben incluir una sesión de masaje de su estilizada figura después de los revolcones sufridos con Biden en la OTAN y en los Estados Unidos.

El reparo de Día Ayuso es perfectamente comprensible y debería favorecer la introducción de cambios para que estas conferencias reflejaran con más nitidez la unidad y cohesión de España, la coordinación entre las Administraciones autonómicas y la predisposición de los Gobiernos regionales a cooperar y compartir recursos.

La posición de la presidenta madrileña no tiene nada que ver con la del presidente de la Generalidad catalana, Pere Aragonès, quien rechaza la fórmula de las conferencias de presidentes autonómicos por motivos muy diferentes, aunque una parte de la prensa pretenda equiparar a la líder popular con el dirigente republicano.

Si Aragonès no va a Salamanca no es porque considere que la reunión es una pérdida de tiempo a mayor gloria cosmética del bello Pedro. No va porque considera que él, en calidad de presidente de la Generalidad de Cataluña, está a la altura del presidente del Gobierno y muy por encima, por ejemplo, de la presidenta de La Rioja, Concha Andreu, o de los presidentes de Andalucía, Murcia y las dos Castillas. Es más, Aragonès, al igual que todos los separatistas supremacistas, considera que el resto de las regiones de España son escoria dirigida por chusma y ellos no se mezclan con el vulgo. Así de claro.

De ahí que Aragonès exija reuniones bilaterales y marque distancias con sus verdaderos homólogos, los presidentes autonómicos, representantes del Estado en sus respectivos territorios.

¿Y quién es Aragonès para adoptar tales pretensiones? En un publirreportaje emitido la semana pasada en TV3 para glosar la figura del recadero de Junqueras se destacaba como gran gesta política del nuevo president que se había llegado a encadenar durante un rato a las puertas de una emisora de radio en Madrid para denunciar el supuesto discurso español contra Cataluña. Semejante hazaña es el único mérito, por decirlo de alguna manera, del currículo político de Aragonès. Ojo, que son los del "puta España", los que se niegan a vacunar guardias civiles, los que han erradicado el idioma español, los que no se quitan la palabra "franquista" de la boca cuando hablan del resto de España...

Al parecer, el presidente vasco, Íñigo Urkullu, no tenía previsto asistir, pero tras arrancar un nuevo acuerdo fiscal a Sánchez ha decidido honrar a los presidentes con su distinguida presencia. Otro que come aparte. Son muy conscientes los nacionalistas vascos y catalanes de sus privilegios, pero que muy conscientes. Lo que no cuentan nunca es que tales privilegios fueron una graciosa concesión de Franco, que optó por favorecer económicamente a Cataluña y el País Vasco en detrimento de otras regiones de España. Y ahora afirman que la emigración era un invento para desactivar las ansias de libertad nacional de sus territorios. No tienen vergüenza.

En teoría, la reunión de este viernes entre los presidentes autonómicos debería servir para debatir la reforma del sistema de financiación autonómica y el reparto de los fondos europeos. De lo primero, Urkullu no tiene nada que decir porque el País Vasco disfruta de un concierto económico que es un agravio para el conjunto de España. De lo segundo, Aragonès ya habría apalancado 30.000 de los 72.000 millones de fondos que dicen que un día u otro llegarán a nuestro país procedentes de la Unión Europea. ¿Cabe mayor desahogo y más desfachatez? Si Sánchez fuera un presidente que se respetara a sí mismo, Aragonès acudía a la reunión de Salamanca so pena de aplicación del 155. Igual que Urkullu no habría recibido un regalo para asistir.

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