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Pablo Planas

Buscaban un baño de sangre

Esa gente de la cárcel es la que gobierna Cataluña e influye más que nadie en el Gobierno de España.

Pablo Planas
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Esa gente de la cárcel es la que gobierna Cataluña e influye más que nadie en el Gobierno de España.
Jordi Turull | EFE

El 155 debería estar vigente en Cataluña. No hay más que ver Plenos como el del pasado lunes, con Quim Torra agarrado al escaño como un percebe, o la sesión con la presencia de los golpistas presos de este martes, para llegar a esa conclusión. Cuando parece que no se puede caer más bajo, los políticos independentistas se las arreglan para lograrlo con creces. El espectáculo de los reos en la Cámara pasará a los anales de la ignominia parlamentaria catalana.

Seis condenados por sedición fueron recibidos con vítores y aplausos, jaleados y agasajados mientras los diputados de la oposición y del PSC se abstenían de plantar cara y ofrecer una mínima resistencia. La dirigente de Ciudadanos Lorena Roldán se atrevió a replicar la primera intervención de Junqueras, pero acto seguido abandonó la comisión de investigación dedicada precisamente al 155, dejando el terreno libre a los golpistas. Tienen razón los presos cuando afirman que no se atreven a mirarles a la cara. Hay miedo, mucho miedo, de ahí la importancia de actitudes valerosas como la del secretario general del Parlament al iniciar los trámites para retirar el acta de diputado a Torra.

La intervención del preso Jordi Turull resultó particularmente inquietante, y no porque llamara "cobardes" y "maleducados" a los diputados de Ciudadanos, lo cual no tiene la más mínima importancia, viniendo de un delincuente golpista y totalitario, sino porque el exportavoz del Ejecutivo del fugado Puigdemont pretendió dar lecciones de "humanidad".

Humanidad, sí. Y da la casualidad de que este miércoles comparecía en la Audiencia Nacional el comisario de los Mossos Ferran López en calidad de testigo en el juicio que se sigue contra su jefe operativo, Trapero, y sus mandos políticos. López era el segundo de Trapero cuando el golpe y fue nombrado jefe de los Mossos con el 155, cargo del que fue cesado por Torra y el actual consejero de Interior, un exportero de discoteca. A preguntas del fiscal, el hombre ha explicado un revelador pasaje de la reunión que tuvieron los mandos de los Mossos con Puigdemont, el beato Junqueras y el entonces consejero de la porra Forn. Tras alertar del alto riesgo de violencia, Trapero dijo que esperaba no tener que lamentar ninguna desgracia irreparable. Lejos de sorprenderse, alarmarse o preocuparse, Puigdemont contestó que en ese caso proclamaría la independencia, mientras Junqueras y Forn permanecían tranquilamente en silencio. Tremenda humanidad.

Así es que esos individuos que el martes se pavoneaban en el Parlament, presumiendo de educación, tolerancia y humanidad, reprochando a la oposición que no se atreviera a mirarles a la cara y dando lecciones de piedad y misericordia como auténticos mártires decidieron no suspender el referéndum a pesar de que se les alertó de que aquello podía acabar muy mal, con grupos de ciudadanos enfrentándose por las calles.

La eficaz y contenida actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional evitó el baño de sangre. Los separatistas cuentan los cuatro porrazos de las fuerzas del orden y la ley como si aquello hubiera sido una masacre, pero en el parte de bajas sólo hubo que lamentar la pérdida de un ojo. Atendiendo al tremebundo carácter de los relatos independentistas sobre aquellos días de otoño del 17, que no hubiera muertos fue un auténtico milagro y una verdadera pena para los que esperaban la oportunidad de declarar la independencia.

Y aunque parezca un contrasentido, esa gente de la cárcel es la que gobierna Cataluña e influye más que nadie en el Gobierno de España.

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