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Pablo Planas

Cataluña vuelve a estar de moda

Las imágenes del chapoteo de Jordi Cuixart en la lujosa piscina de Rahola han indignado a los ciudadanos independentistas. Y no es para menos.

Las imágenes del chapoteo de Jordi Cuixart en la lujosa piscina de Rahola han indignado a los ciudadanos independentistas. Y no es para menos.
Jordi Cuixart y otros separatistas en la piscina de Pilar Rahola. | Instagram

Las singulares imágenes de la última fiesta en la casa de la señora Pilar Rahola en Cadaqués resumen a la perfección lo que ha ocurrido en Cataluña en la última década. Esa escena de los oprimidos y represaliados chapoteando alegres en una piscina de auténtico lujo mientras corean aquello de la "in-inde-independencia" es el último gran acto de ese mundo paralelo de la república catalana.

Destaca en la fiestaza Jordi Cuixart, personaje tan disparatado como elocuente. El hombre ha recibido una subvención de más de medio millón de euros por parte del Gobierno del Estado represor para que desarrolle en Suiza un artefacto que mejore su negocio de embalajes medicinales. Y se ha largado a vivir a esa especie de Port Royal de la piratería mundial donde están encantados de acoger a los golpistas catalanes. A la excupera Anna Gabriel la han hecho jefa de un sindicato, aunque no está claro si la jefatura es cantonal, estatal o sectorial. Y a Cuixart también lo han recibido con los brazos abiertos y con una entrevista en un diario llamado Blick donde le definen como un "héroe catalán", un "preso político" y un "mártir". Así están de orientados.

Que Cuixart y compañía se partan de risa en la piscina ensayando tal vez la próxima manifestación separatista es un compendio de las principales características del Proceso. Y entre esas características, una frivolidad que resulta hasta pavorosa cuando esa peña, acomodada gracias a las subvenciones públicas, a los sueldos de TV3 y a las pagas de la Generalidad en una operación comparable a los ERE de Andalucía, reclama para sí la consideración de víctimas de una represión putinesca.

Las imágenes del chapoteo han indignado a los ciudadanos independentistas. Y no es para menos desde su perspectiva. Todo aquello que les contaron era una estafa que ha acabado en una piscina con Rahola, Cuixart y demás celebrando que son ricos y famosos, como si hubieran ganado un concurso de televisión titulado "El Procés".

De Rahola se lo podían esperar porque sus paellas y fiestas son una tradición del veraneo en Cataluña, como lo fueron antes los suquets de Portabella o las cuchipandas de Luis Conde. Y además las publica en redes sociales para solaz y disfrute de sus fans. Pero lo de Cuixart ha sido demasiado para muchos independentistas. El tipo que le soltó a Marchena aquello de "lo volveremos a hacer", el que no iba a aceptar el indulto, el que lucharía hasta el final, el de ni un paso atrás y toda aquella mandanga, ese mismo hombre es el que se remoja con otros compañeros de pijerío y aventuras a pesar de haber pedido a los catalanes dar la vida de sus hijos por la república. Dar la vida, no darse la vida padre como todos esos alucinados que montaron la ficción de un pueblo oprimido frente a un Estado invasor.

Pero hay más. Que un ayuntamiento gobernado por ERC se dedique a fomentar el sexo en edades infantiles y proponga a niñas de doce años colocar condones con la boca en un plátano para luego lamerlo embadurnado en miel y nata no es precisamente lo que perseguían la mayoría de los independentistas, tan escandalizados como los no independentistas. Si semejante historia se hubiera dado en una escuela regida por religiosos, el asunto habría dado la vuelta al mundo y estaría en los juzgados de oficio, sin contemplaciones y puede que hasta con ejemplarizantes prisiones preventivas.

Así que quienes montaron, alentaron, justificaron y jalearon el golpe de Estado se lo pasan en grande en una piscina privada mientras que algunos de sus herederos políticos se dedican a enseñar el sexo oral a los menores o las variadas posturas del Kamasutra. Pedazo de republiqueta.

Todo muy edificante, como en la Barcelona de Colau plagada de ratas, consecuencia de la suciedad en la que esta nueva izquierda ha sumido a la capital de Cataluña. Más la inseguridad, el hedor y la creciente miseria. Colau ha conseguido en dos mandatos convertir la ciudad en una fosa séptica, pero necesitaría cuatro años más para completar su obra. Hay atildados miembros del Círculo Ecuestre que preconizan que hay que votar –en algunos casos volver a votar– a esa señora porque sería más fácil reconstruir la ciudad sobre sus cenizas que a medio destrozar.

Cataluña vuelve a ser noticia. Para mal, como siempre.

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