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Pablo Planas

El policía modelo del separatismo

Trapero mantiene su condición de héroe del nacionalismo a pesar de sus notorios esfuerzos por desmarcarse de quienes fueron sus jefes.

Pablo Planas
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Trapero mantiene su condición de héroe del nacionalismo a pesar de sus notorios esfuerzos por desmarcarse de quienes fueron sus jefes.
Josep Lluís Trapero | EFE

El major de los Mossos d'Esquadra Josep Lluís Trapero mantiene su condición de héroe del nacionalismo a pesar de sus notorios esfuerzos por desmarcarse de quienes fueron sus jefes políticos y ahora están en la cárcel, en rebeldía o al frente de la Generalidad. Trapero fue exhibido por las autoridades autonómicas tras los atentados islamistas del 17 de agosto de 2017 (que costaron la vida a 16 personas en Barcelona y a una en Cambrils) como la encarnación del Estado catalán, el capitá Collons del siglo XXI, súmum de la eficacia policial y demostración esférica de que Cataluña estaba preparada para alcanzar la independencia que debía proclamarse en cuestión de semanas.

No parecía molesto el major con la atención mediática ni con que se le paseara de rueda de prensa en rueda de prensa rodeado por los políticos que estaban preparando con todo descaro el referéndum ilegal del 1-O, dando pasos firmes en el golpe de Estado. Sus comparecencias, pistolón al cinto, eran francamente celebradas por la prensa del régimen nacionalista, que salivaba con los abatimientos de los terroristas. No es que Trapero diera muchos detalles, pero sí los suficientes como para que la crítica especializada y la clase política separatista dieran por sentado que la principal estructura de Estado de la incipiente república eran los Mossos, nada menos que la mejor policía del mundo. Así de loco era el ambiente.

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Un mes después, el 20 de septiembre, esa misma policía que era el pasmo planetario fue incapaz de impedir el acoso de las turbas separatistas a una comitiva judicial, incapaz de proteger un registro en la Consejería de Economía, incapaz de garantizar el trabajo y la movilidad de unos agentes de la Guardia Civil y una letrada de la Administración de Justicia comisionados por un juez de Barcelona. Tampoco fue muy lucida la actuación del cuerpo durante el 1-O. O sí, según se mire, pues el desempeño más notable de los Mossos fue enfrentarse con algunos agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional y apostarse en las esquinas próximas a los colegios donde se celebraba la votación para pasar el día silbando.

La gran coartada del que entonces era el jefe de los Mossos es que comentó en una reunión con Puigdemont, Junqueras y el consejero de Interior Forn que la celebración del referéndum podía provocar graves alteraciones del orden público. También dijo en calidad de testigo en el Tribunal Supremo que una vez celebrada la consulta ilegal estaba dispuesto a detener a Puigdemont y al Gobierno catalán en pleno, y que a tal efecto se puso en contacto con el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC). En dicho TSJC no se lo acaban de creer. Pocos días antes habían pedido a la Policía Nacional que relevara a los Mossos en la vigilancia de sus instalaciones porque no se fiaban de la policía autonómica. Pensaban los magistrados que los detenidos podían ser ellos a tenor del comportamiento de los mandos de la policía regional.

Sea como fuere, Trapero insiste en que hubiera detenido a Puigdemont y en TV3 se filtra que tenía previsto hasta un helicóptero para trasladar al entonces presidente autonómico a las dependencias policiales. Qué bárbaro, Trapero. En agosto de 2016 estaba de fiesta con Puigdemont, preparando una paella y tocando la guitarra en casa de la editorialista de La Vanguardia Pilar Rahola. En el vídeo es el del gorro de paja. Y un año después lo hubiera arrestado al más leve pestañeo de un juez del TSJC. Curioso, muy curioso, igual de curioso que Puigdemont huyera de España con la ayuda de un subordinado de Trapero. La de vueltas que da la vida. Los mismos que en un momento dado le podrían haber detenido van y le ayudan a escapar. Quizá por eso Quim Torra ofreció a Trapero recuperar su cargo de jefe de los Mossos cuando se levantó el 155. El major rechazó la oferta para no complicarse más la vida. También resulta significativo el apoyo público que dispensan a Trapero presos y fugados. Y eso que los iba a detener a todos.

Por cierto, este lunes, día en el que ha arrancado el juicio a la cúpula de los Mossos en la Audiencia Nacional, Trapero ha negado tener ningún tipo de relación personal con Puigdemont. Palabra del comisari Paella.

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