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Pablo Planas

Los empresarios catalanes y sus hijos

La violencia se ha enquistado en Cataluña. Jóvenes haselianos incendian las calles mientras juegan al ratón y al gato con la policía.

Pablo Planas
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La violencia se ha enquistado en Cataluña. Los sábados del toque de queda, jóvenes haselianos incendian las calles mientras juegan al ratón y al gato con la policía. Los Mossos, que tienen orden de no molestar a los muchachos y muchachas, dicen que los alborotadores bajan de Sarriá y San Gervasio, de los distritos pijos de la ciudad, que no vienen del Hospitalet, ni del Clot ni de la Mina, que no son chavales en paro y sin perspectivas, sino hijos de papá, los niños del procés

Han detenido a unos italianos como cabezas de turco. Otros pijos de cuidado. Disponen de los letrados más caros porque aseguran que ellos no tienen ni un duro pero sus padres están forrados. La española del grupo cuenta con la defensa de Cristóbal Martell, el abogado de los Pujol y Messi. Poderío. Todos llevan años en Cataluña jugando a okupas y anarquistas. Barcelona es su tierra prometida. Y la llave del paraíso, una patada en la puerta y listos. Los años con Colau no pasan en balde. Ni tampoco los delirantes mandatos de Mas, Puigdemont y Torra. 

Cualquier movimiento que se precie tiene que romper algo en Barcelona. El domingo por la noche fueron las jóvenes feministas. Su manifestación se había convocado bajo el lema "Se va a armar la gorda 2021". Fue una marcha nocturna "no mixta" (sólo chicas, como en las sociedades gastronómicas pero al revés). Bajaron con antorchas, al modo separatista, desde la zona alta rompiendo escaparates patriarcales y ensuciando paredes machistas. Gritaban que "la noche es nuestra" y que "el Estado opresor es un macho violador". Los Mossos contemplaban el panorama a cierta distancia, con las porras a buen recaudo.

La burguesía catalana se regodea en la decadencia. Los empresarios piden ahora a los partidos separatistas que echen el freno después de años de connivencia con la destrucción del sistema. Es un gesto terminal, una objeción en voz baja que llega tarde y cae en saco roto. Un día después del manifiesto de los empresarios catalanes, que tenía una versión en español diferente, Aragonès, el niño con barba que manda en la Generalidad tutelado por Junqueras, pasaba de ir al 70 aniversario de la Seat porque estaba el Rey. Es la forma separatista de agradecer que el Estado, la compañía automovilística e Iberdrola, entre otros, van a construir en Martorell una gran planta de baterías eléctricas que garantice el futuro del sector de la automoción en Cataluña. 

Se trata de miles de millones y de miles de puestos de trabajo. Luego dirán que "España nos roba".

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