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Pablo Planas

Menos mal que no es una guerra

La oposición se mantiene leal, es decir, inerte, mientras las cloacas del PSOE y Podemos inundan las redes sépticas y las televisiones de infundios contra esa misma oposición.

Pablo Planas
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La oposición se mantiene leal, es decir, inerte, mientras las cloacas del PSOE y Podemos inundan las redes sépticas y las televisiones de infundios contra esa misma oposición.
Pedro Sánchez | EFE

Son una cuadrilla de incompetentes a los que sólo les interesa quedar bien en televisión, que sólo se preocupan por las excusas que van a poner y que están manifiestamente desbordados por la situación. Pedro Sánchez está obsesionado con su imagen. Es un narcisista de manual que se hace escribir unos discursos densos y espesos con un tufo patético a lo sangre, sudor y lágrimas. Todo es fachada y nada más que fachada en un tipo que dice haber escrito una tesis sobre diplomacia económica y comercio internacional y al que estafan sin miramientos en la compra de material sanitario.

El timo, si es que no es otro caso de corrupción socialista, es de proporciones planetarias y viene agudizado por el hecho de que la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, es otra supuesta experta en la materia, exdirectora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional, agencia conjunta de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio. La explicación de González Laya ante el fiasco en las compras indica en qué clase de manos estamos: "Nos ofrecen gangas que luego no lo son".

El Ministerio de Sanidad es otro ejemplo de que todo lo que puede salir mal, saldrá mal, porque Salvador Illa no fue nombrado para dirigir tal departamento, que antes de la pandemia no tenía competencias, sino para mediar con los separatistas por su condición de lugarteniente de Miquel Iceta. Es la prueba de lo poco que le importa al PSOE la sanidad pública. El ministerio de menor calado (Consumo e Igualdad al margen), para la cuota catalana. Decir que Illa no está preparado para el cargo que ocupa es, en el fondo, hacerle un favor.

Únanse a la incompetencia, la improvisación y la lucha entre ministros socialistas y ministros comunistas un choque de egos que habría provocado el lacerante retraso en la publicación en el Boletín Oficial del Estado del listado de actividades esenciales ante el endurecimiento de la reclusión forzosa. Pasadas las once de la noche del domingo, ni trabajadores ni empresarios sabían a qué atenerse porque el presidente del Gobierno es un manojo de nervios influido hasta el tuétano por Pablo Iglesias, a quien considera, por comparación consigo mismo, un tremendo intelectual.

La gran ventaja de este Ejecutivo de desahogados es que la oposición se mantiene leal, es decir, inerte, mientras las cloacas del PSOE y Podemos inundan las redes sépticas y las televisiones públicas y privadas de infundios y campañas contra esa misma oposición que grandes rostros de la comunicación difunden sin sonrojo. Esa es la gran contribución del Gobierno y sus partidos en la lucha contra el coronavirus, dispersar responsabilidades. Menos mal que esto no es una guerra, a pesar de los muertos.

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