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Valls i Vox

Ha comprado la burra de la izquierda en el poder, que dice que las libertades en España están en riesgo por el auge de Vox en Andalucía en vez de por las actuaciones de los separatistas en Cataluña.

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Manuel Valls | EFE

Tras prohibir los canapés en los actos oficiales, el Gobierno de la Generalidad se dispone a dar un paso más en apoyo del ayuno voluntario de los cuatro presos de Puigdemont en la cárcel catalana de Lledoners. Este jueves, Día de la Constitución, el presidente Torra, sus consejeros y los diputados separatistas no piensan ingerir sólidos. Con un par.

No comer un día a la semana es una medida recomendada en miles de dietas milagro, por lo que en principio no parece un acto de solidaridad sino profiláctico de cara a los atracones de Navidad. La relación del separatismo con la comida debería figurar en la categoría de los trastornos alimentarios. Se ha pasado de las comilonas amarillas (paellas, tortillas, pollos, patatas, pasteles, natillas y cremas) a los ayunos combativos. Advertía Jordi Sànchez en su tercer día de dieta líquida: "No me he puesto ni un mínimo ni un máximo. Debo ver cómo me encuentro. Y no añadiré más porque le quiero quitar dramatismo a este hecho. El riesgo de hacer pornografía es muy alto". Tiene toda la razón, pero no le han hecho ni caso porque no se cansan de hacer el ridículo.

Los que no ayunan son los Comités de Defensa de la República (CDR) patrocinados por Quim Torra, que tienen que estar bien alimentados para acosar al cazafascistas de Manuel Valls, el ex primer ministro de Francia que aspira a la Alcaldía de Barcelona como candidato de Ciudadanos, aunque no haga más que decir que tal partido es uno de tantos en su plataforma "transversal". En menos de 48 horas le han montado dos recibimientos a la manera separatista que han ratificado sus convicciones sobre la necesidad de alejarse de Vox. El hombre se ha adaptado tanto al medio ambiente que está convencido de que los fascistas son los que ondean las banderas de España en sus propios actos en vez de quienes revientan los actos de los demás con los trapos independentistas.

El error de Manuel Valls, al que los antifascistas ya llaman "Valls i Vox", está bastante generalizado. Ha comprado la burra de la izquierda en el poder, que dice que las libertades en España están en riesgo por el auge de Vox en Andalucía en vez de por las actuaciones de los separatistas en Cataluña, que marcan domicilios de jueces, echan mierda en los juzgados, pegan, escupen, insultan y acosan a los disidentes, queman banderas, se ciscan en la Constitución, se retratan con Otegi y anuncian incendios en toda Cataluña como a Sánchez se le ocurra celebrar el Consejo de Ministros en Barcelona previsto para el próximo 21 de diciembre. Pero no, el problema es Vox y que Torra no mama.

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