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Objetivo cumplido

El verdadero triunfador de la final ha sido Joan Plaza. Por mucho que la temporada madridista, en su conjunto, haya sido muy notable, la falta de títulos puede hacer temblar cualquier silla.

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El Real Madrid ha conquistado la final de la Copa ULEB en Charleroi, la misma ciudad belga, de reminiscencias españolas, en la que hace tres años jugó otra final. Aquella vez tocó palmarla. El Madrid ha sido el favorito de la segunda, no lo olvidemos, competición continental desde el inicio de la misma –quizás se debería pensar en reforzar esta competición con los equipos eliminados de la Euroliga: sin duda se ganaría en calidad–. Hacía más de diez años que los madridistas no levantaban un título europeo y la Copa ULEB, además, era la única que faltaba en sus vitrinas (por cierto, las copas que se entregan en las competiciones continentales son como para no ponerlas en el aparador). El título ha traído un regalo añadido: la plaza para la Euroliga de la temporada que viene. La plaza europea y el nuevo campeonato seguramente harán que el líder de la ACB se relaje de cara a los play-off. Como dejó claro Antonio Martín al final del partido, atrás queda el fantasma de la paliza recibida en la final de Málaga.

De la final de la Copa ULEB de 2004, solamente quedaba un superviviente en el equipo blanco: Alex Mumbrú, cuya trayectoria madridista se cortó, precisamente, al final de esa temporada. Era el Madrid de Julio Lamas. En tres años al Madrid no hay quien lo reconozca, y es que el tiempo parece que pasa más deprisa en la casa blanca. Esta vez el contrario era el Lietuvos Rytas, víctima ya de los madridistas en el devaluado memorial Saporta-Fernando Martín celebrado a principio de temporada. Desde entonces, el equipo lituano ha cambiado, varias veces, tanto de entrenador como de americanos y, a priori, no parecía rival suficiente para los merengues; quizá un motivo más para que apareciesen los nervios en el equipo madrileño si las cosas no salían bien. No sucedió.

El Madrid no jugó un extraordinario partido y le ha bastó la lucha de todos sus jugadores y el acierto anotador de Charles Smith –MVP de la final– y de, esta vez sí, un gran Louis Bullock para dominar a los lituanos. Los americanos dieron el arreón que ponía a su equipo quince puntos arriba al final del tercer cuarto. Antes había destacado Mumbrú, que jugando de falso cuatro había liderado a los suyos anotando y reboteando con facilidad. A Reyes no hace falta ni mencionarle: antes de jugar ya se sabe que se va a contar con sus números –cada vez mejores– y su lucha.

Sin duda el verdadero triunfador de la final ha sido Joan Plaza. Por mucho que la temporada madridista, en su conjunto, haya sido muy notable, la falta de títulos puede hacer temblar cualquier silla. Tras la derrota en la final de la Copa del Rey, surgieron las dudas sobre la capacidad del técnico catalán para dirigir grandes partidos: era su primera aparición en una final. Esta victoria ha supuesto su doctorado, aunque dentro de un mes ya tendrá necesidad de revalidarlo.

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