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Caso Faisán, un caso de traición

¿Acaso han sido los mismos los que han movido el árbol y recogido las nueces? ¿Es con este nacionalismo vergonzoso con el que Zapatero quiere salvarse a cambio de lo que sea?

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No tenemos más remedio que darle la razón a los que piensan que España está en descomposición, no sólo territorial, sino y, sobre todo, moral. Sólo desde una patria en descomposición pueden tener lugar los acontecimientos del caso Faisán y que no ocurra nada. Aprovecho para reivindicar el trabajo de Luis del Pino en estas páginas, el de El Mundo y más recientemente de otros compañeros, sobre este caso que, nuevamente, nos sume en la abyección nacional. Que se esté diciendo cada vez más alto y más claro que el Ministerio del Interior de un Gobierno supuestamente democrático –tal vez el ministro y desde luego y además, algunos de sus altos cargos–, dio la orden de avisar a un recaudador de las extorsiones de ETA que iba a ser detenido en su encuentro con un etarra, es de tal gravedad que o Rubalcaba y sus mandos interponen querellas criminales contra quienes tal cosa afirman o deberían dimitir ya, ayer mismo. Lo que no se puede es vivir con esta ignominia como país.

Estamos hablando de un comportamiento que está fuera de toda duda razonable: alguien dio la orden para que la policía española advirtiera a un intermediario de ETA que iban a ser detenidos en cuanto cogieran el dinero procedente de las amenazas a empresarios vascos, navarros y quién sabe si de otras regiones limítrofes. Y está fuera de toda duda razonable que un altísimo cargo del PNV, Gorka Aguirre, de familia legendaria para los herederos de Arana, recaudaba el dinero para ETA.

Señoras y señores, esto es traición. Es traición a la patria, a España, a la Constitución y a la democracia. Pero es traición asimismo a las víctimas del terrorismo etarra, a las víctimas civiles, a las víctimas políticas de UCD, del PP y del PSOE, a las víctimas policiales y de la Guardia Civil e incluso, recuérdese, a las víctimas del propio nacionalismo vasco a los que ETA asesinó. Es traición a la Policía Nacional, 70 de cuyos miembros participaron en una operación para detener al extorsionador, al recaudador y al etarra y vieron cómo alguien de dentro chivataba a ETA su detención inminente. Y es traición a la justicia y a los ciudadanos por parte de un fiscal y de un juez, Bautista y Garzón, dejando escapar a los malos y ocultando sus fechorías a los buenos.

En el artículo 583 del actual Código Penal se dice que "el español que suministre a las tropas enemigas caudales, armas, embarcaciones, aeronaves, efectos o municiones de intendencia o armamento u otros medios directos y eficaces para hostilizar a España, o favorezca el progreso de las armas enemigas de un modo no comprendido en el artículo anterior", incurre en delito de traición. Es indudable que quienes dieron y ordenaron el siniestro chivatazo policial del bar Faisán consintieron el progreso de las armas enemigas de la organización ETA por cuanto pudieron escapar con el dinero de unas extorsiones que sirvió para seguir comprando armas y medios para matar españoles.

Por tanto, todos debemos preguntar por la identidad del traidor o los traidores y todos debemos exigir su condena penal y después, forzar, civilmente, su destierro perpetuo.

Pero aquí no se mueve ni una hoja. Ni el Ministerio del Interior del gobierno constitucional de España actúa judicialmente contra quienes afirman la veracidad de tales hechos ni los partidos políticos de la oposición, ni siquiera las asociaciones de víctimas ni las asociaciones policiales convocan una gran manifestación que exija los nombres de los traidores y su descrédito eterno. Ni siquiera se pide, en sede parlamentaria o en sede judicial, una explicación al Partido Nacionalista Vasco por su intervención, vía Gorka Aguirre, en la financiación de ETA. La parábola del árbol y las nueces puede cambiar. ¿Acaso han sido los mismos los que han movido el árbol y recogido las nueces? ¿Es con este nacionalismo vergonzoso con el que Zapatero quiere salvarse a cambio de lo que sea?

¿Cómo puede España soportar este cáncer de Estado sin el más leve gesto de dolor, de rebeldía, de dignidad? Muy descompuestos debemos de estar ya.

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