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Pedro de Tena

 El "rayo vallecano"

Los que agreden, los que revientan, los que apedrean, los que buscan un muerto, no son los votantes  ni los simpatizantes de Vox.

Pedro de Tena
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Los que agreden, los que revientan, los que apedrean, los que buscan un muerto, no son los votantes  ni los simpatizantes de Vox.
EFE

Todavía estoy revuelto con el lapidario mensaje de Pablo Iglesias, que sigue aliado a su socio Pedro Sánchez formando ya un todo indivisible imposible de diferenciar. Las calles de Vallecas no pueden ser pisadas por partidos y personas ajenos a la izquierda socialcomunista. Las calles de Vallecas, y de otros barrios y pueblos de España, ¿son propiedad ideológica y política de quiénes se conceden a sí mismos el don intelectual  de conocer “científicamente” cuál es la felicidad que necesitan y desean sus semejantes?

Como el malvado, ya muerto, Felipe de Edimburgo, que anhelaba convertirse en un  virus mortal para aniquilar a los miles de millones que, según él, sobramos en la Humanidad,  este falso profeta y pésimo candidato, desertor de Vallecas (cambiazo de pisito vallecano por mansión de Galapagar y del salario mínimo por miles de euros mensuales) es poseedor, cree él, del secreto del bienestar de los trabajadores del barrio y sus familias. Por algo parecido, Miguel Hernández llamó “hijos de puta” a algunos frívolos “antifascistas” del palacio incautado a los Heredia Spínola que se disfrazaban, bebían y comían sin medida, mientras otros morían de hambre y tiros en el frente republicano.

Si Tirso de Molina viviera, cambiaría el título de su comedia La villana de Vallecas por el masculino singular y daría entrada a un nuevo personaje que se enmascarara de vallecano pero que, en realidad, fuese un marqués bolchevique. Y hubiera terminado con sus versos:

Primero que los vecinos
de Vallecas a ver salgan
el fin de tantos enredos,
es razón que se deshagan.

 

Pero en esto, apuntan las crónicas, cayó sobre la plaza que llaman “roja” de Vallecas el “rayo vallecano”, el ya histórico mitin de Vox, que ha recorrido como una descarga electoral a toda España haciéndonos sufrir un calambrazo democrático ante el totalitarismo comunista de los seguidores del apóstata de Vallecas. Su centelleo ha destapado la complicidad evidente de un gobierno socialcomunista que permite que quienes obtuvieron en las pasadas elecciones más votos madrileños que Podemos y Más Madrid (Más País-Equo) sean apedreados, heridos e insultados mermando las fuerzas policiales necesarias para asegurar la libertad política en cualquier calle y plaza de España. 

El pasado Día de Difuntos de 2020 un grupo de demócratas “cabales” (reunión de cabales es en el mundo flamenco el público entendido y aficionado ante el que los artistas se exhiben a garganta, guitarra, palmas y tacones descubiertos) firmamos un Manifiesto contra los intentos de expulsar a Vox de la vida política española y denunciamos las exclusiones emprendidas por PSOE, Podemos, PNV, Bildu, ERC, JuntsXCat,  Cup, BNG, Mas País y Compromís que se extendían al PP y Ciudadanos. Y decíamos en él:

“Constatamos que Vox no defiende ni practica la violencia como forma de actuación política que sí han consentido y consienten algunos grupos, ni es impulsor ni ejecutor de golpes de estado que sí han perpetrado otras siglas ni busca instaurar una dictadura como hay quien reconoce abiertamente, ni ha sido imputado, ni siquiera implicado, en casos de corrupción como lo han sido casi todos los demás…

…Ese camino conduce a la postergación política y social de millones de españoles que no son ni quieren ser miembros ni cómplices de esa izquierda coaligada con el separatismo que exhibe un autoritarismo cada vez más agresivo y excluyente.”

Desde el pasado día 8 de abril, el “rayo vallecano” ha desvelado la verdad de lo que ocurre. Los que agreden, los que revientan, los que apedrean, los que buscan un muerto, no son los votantes  ni los simpatizantes de Vox. Eso es una calumnia fabricada en las calderas mediáticas del socialcomunismo. Lo que ese rayo verificador ha dejado en evidencia ante los demócratas cabales en esta España es que son otros quienes encaminan a España hacia un guerracivilismo abierto. 

En una democracia cabal, cada ciudadano puede votar libremente a quien considere apropiado para sus intereses, ideas y creencias. Pero para quienes quieran votar a Vox, aportaré un argumento que debe añadirse al de voto coherente y útil, que son bien claros para impedir la marea totalitaria que algunos buscan. Además, el voto a Vox es un voto merecido porque, a pesar de las agresiones evidenciadas por el “rayo vallecano”,  las campañas sufridas y las exclusiones padecidas, su equilibrio y mesura merecen el voto de los madrileños que necesitan un partido que no sólo no les mienta ni los estafe ni los defraude sino que les permita seguir estando a la cabeza de la nación española por su meritorio esfuerzo y su amor a la libertad.  

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