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Andalucía

Pedro de Tena

Jueza, alcalde, reencarnación, congresos y Madrid

Imitando el famoso título de John Le Carré, que compendiaba la imposibilidad de ver con claridad en la oscuridad de las sombras del poder real.

Pedro de Tena
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Imitando el famoso título de John Le Carré, que compendiaba la imposibilidad de ver con claridad en la oscuridad de las sombras del poder real.
EFE

Imitando el famoso título de John Le Carré, que compendiaba la imposibilidad de ver con claridad en la oscuridad de las sombras del poder real, este viernes andaluz amanece sin que quienes están fuera del machito puedan comprender qué está pasando y, más especialmente, qué va a pasar.

El carpetazo de la Fiscalía General del Estado que rige Dolores Delgado a la denuncia que la jueza María Núñez Bolaños les puso a los fiscales anticorrupción, seis fiscales, seis que la denunciaron a ella. Se acaba así con las expectativas de una jueza que no logra quitarse de encima el sambenito de haber sido entorpecedora de la instrucción de los macrocasos de corrupción socialista en Andalucía.

Tan evidente fue su simpatía por una instrucción inclinada hacia el PSOE que tuvo que aceptar que el Consejo General del Poder Judicial arbitrara un acuerdo según el cual ella nunca volvería a instruir las macrocausas de corrupción y, a cambio, se archivaba la denuncia de los Fiscales de Sevilla contra ella. Esto quiere decir, así lo entrevemos, que el PSOE pierde toda esperanza de detener la sangría incesante de prestigio y personas que sufre en los tribunales desde que se hizo cargo de la instrucción el juez de apoyo José Ignacio Vilaplana. Y desde el caso ERE al del fraude de la formación y otros, quedarán años de instrucción, de juicios y de sentencias.

Un problema para Juan Espadas, que no deja la alcaldía de Sevilla a pesar de haber sido elegido en el último congreso regional socialista secretario general y candidato a la presidencia de la Junta. Otra vez ha retrasado la renuncia al bastón de mando del Ayuntamiento de Sevilla. Ahora, explica, espera a la aprobación de los presupuestos municipales.

Su problema es que el candidato del PP a la alcaldía de Sevilla, José Luis Sanz, ex alcalde de Tomares, renunció a su bastón de primer edil nada más ser confirmado por Juan Manuel Moreno como el candidato oficial. Al modo espadero, o se desatiende el Partido, o se desatiende la Alcaldía, o se desentiende la Junta. Algo pasa y se evidencia, una vez más, que el ritmo del primer socialista andaluz no concuerda con los tiempos.

Para colmo, ayer se denunció la reencarnación de Susana Díaz, como lo leen. El anuncio del prodigio lo hizo Manuel Gavira, portavoz de Vox, que vio la cara de la trianera en el cuerpo de Juan Manuel Moreno. Ya saben que Vox insiste en que se adelanten las elecciones andaluzas, que ni el PP ni Ciudadanos quieren oficialmente, ni les convienen al PSOE ni al archipiélago comunista.

Moreno le respondió que sufre una enfermedad conocida como "ansiedad electoral" y persiste en la estrategia, que no le va mal, de decirle al partido de Abascal que todo lo que no sea aprobar los presupuestos de la Junta y decir que sí a todo lo que quiera la Junta es alinearse con las izquierdas en el acoso y derribo del primer gobierno del cambio. Cómo puede apreciarse, con un Ciudadanos dividido y cadavérico, con un PP que no es casadista pero que sí lo es no siéndolo, con un Vox sin corpus suficiente, con un PSOE al pairo en medio de su tormenta perfecta agarrado al tablón de Pedro Sánchez y con el comunismo desagregado sin factor común visible, los electores andaluces saben que sus votos van a ser decisivos para el futuro, pero que ese futuro no se escribe en Andalucía más que en una pequeña parte.

Dentro de una semana, se celebrará el congreso andaluz del PP que beatificará a Juanma Moreno, camino de su santificación si logra vencer holgadamente al PSOE en las elecciones de 2022, sean cuando sean. En el PP andaluz siempre hay familias, sectores, bandos, facciones, conspiraciones, pero nadie se atreverá, ni siquiera el propio Pablo Casado, que no podría seguir donde está si Andalucía le dice que no, a estropear la fiesta.

El fin de semana que viene se sabrá si Moreno amplía su poder frente al arenismo sevillano y almeriense, más que nada, y frente al casadismo de José Luis Sanz, Juan Ignacio Zoido y el PP oficial de Sevilla. Y contra los particularismos provinciales. No parece que vaya a producirse otra cosa que una gran ovación. Ya se sabe que Dios vino a verle bajo la especie de Vox cuando sacó el peor resultado del siglo XXI en las elecciones que acabaron con Susana Díaz. Pero aprovechó la oportunidad, eso es cierto.

Los electores tendrán que decidir si Andalucía ha ido mejor o no en estos años de cambio acaracolado. El Instituto Nacional de Estadística dice que no, que por mor de la pandemia, Andalucía es ahora mismo la región con menor calidad de vida de España solo por delante de Ceuta y Melilla. Pero la Junta y sus altavoces dicen que sí y que, sobre todo, se están poniendo las bases para un despegue histórico a pesar de Pedro Sánchez. Vale, se verá. De momento, la presión fiscal ha bajado aunque no se percibe una orientación estratégica diferente a la del socialismo andaluz en demasiados temas.

Por eso, van a ser otros factores, exógenos, como se dice, que van a condicionar las simpatías electorales andaluzas. Por ello, Moreno vive sin vivir en él con el conflicto Casado-Díaz Ayuso que nadie entiende del todo pero que alguna explicación, que no se da, tendrá. ¿Puede un presidente de la Junta de Andalucía no ser al mismo tiempo presidente de su partido en la región? Qué precedente.

Lo mismo le pasa al PSOE y a Vox. La presencia ya asfixiante de los socios separatistas en la política socialista con privilegios fiscales, judiciales y de inversión no ayudan a Espadas. Ni la lejanía de Santiago Abascal de la realidad andaluza ayuda a Vox. Si se quieren elecciones, ¿cómo es que no hay candidato o candidata visible? A Ciudadanos no le pasa ya nada. Ni al policomunismo enfangado.

El cordobés Maimónides, en su guía para perplejos y/o descarriados, dijo que "en materias de carácter especulativo cada cual se atiene a los resultados de su propio estudio". Y así ocurrirá. Con la información que cada uno tenga, o no tenga, lo que está completamente asegurada es la perplejidad del votante en unas elecciones que vienen, que vienen.

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