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Pedro de Tena

Los sin poder no podemos nada y no damos ni una

Vivimos en una España desvertebrada, perturbada y descolocada en la que ser ciudadano de a pie y ser moral puede perjudicar seriamente.

Pedro de Tena
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Llevamos una semana, en realidad meses o años ya, que los sin poder, que decía Vaclav Havel, no sabemos cómo digerir. Reducidos al papel de espectadores por una estructura de lo político que confina a los más, los ciudadanos del bronce platónico, o sea, los que trabajamos y destaca a los menos, los que administran y gobiernan – más o menos como siempre -, los ciudadanos sin apellido compuesto de las democracias occidentales, España entre ellas, esperamos alguna reconsideración de la marcha hacia el abismo que llevamos.

El libro El poder de los sin poder de Havel, un pensador y literato metido a político, tiene más de 40 años y se escribió en 1978, diez antes de la perestroika que acabó, formalmente, con el comunismo soviético. Pero, ojo, no acabó con el chino ni con el cada vez menos larvado y creciente en Occidente ni con el emergente en Iberoamérica y África. En ese libro, cita a Solzhenitsyn y su conferencia en Harvard de 1978 para ponernos en guardia sobre la propia democracia occidental, incapaz de hacer frente al mal, esto es, el comunismo, el aniquilador "científico" del individuo y la persona.

Decía el ruso que la miopía de las democracias reside en quienes admiten que no se pueden "aplicar criterios morales a la política. Así mezclamos el bien y el mal, lo derecho y lo torcido y damos oportunidad para el triunfo absoluto del Mal en el mundo. Por el contrario, sólo los criterios morales pueden ayudar a Occidente contra la estrategia bien prevista del mundo del comunismo. No hay otros criterios. Las consideraciones prácticas u ocasionales de cualquier clase serán barridas inevitablemente por la estrategia comunista."

¿Qué queda en España de criterio moral? Fíjense en lo del canario podemita, Alberto Rodríguez, que dice que le han quitado el acta de diputado y el sueldo porque es de origen pobre, tiene un apellido descompuesto y es canario. Pero de la agresión al policía ni media palabra, todo es patraña, dice y grita el coro de sus grillos: ¡Prevaricación judicial derechista! Y coge y se va de Podemos. Anda y, ¿por qué? Cambio de ciclo, canta. No dice una verdad ni cuando se equivoca, pero nos enteraremos.

O reparen en los pactos sustanciados por el principal partido de la oposición, Casado y Teodoro, tanto monta, con los socialistas más mentirosos y ruines de la historia reciente, Sánchez y Bolaños – que se tutean con las mentiras de los asesinos de ETA y sus 200 presos, que ya se excarcelarán, se abrazan a todo lo antiespañol y se codean con las maletas venezolanas -, y se reparten de manera indecente y a la vista los puestos en tribunales e instituciones mostrando a dónde ha llegado el error de hacer de los partidos el único eje de la democracia.

Mejor aún, fíjense en las manos de quien estamos en el caso Ghali, que es el caso del gas y de la electricidad. Aquí, los sin poder estamos acojonados con el pillaje del recibo de la luz. Pero apenas distinguimos que Naturgy, antes Gas Natural Fenosa, ya no es principalmente española y tiene su sede en las Islas Caimán con fondos de inversión, uno australiano, al fondo. Repsol está en manos de JP Morgan y otros fondos de inversión. Endesa está controlada por el Ministerio de Economía Italiano y su gigante energético Enel. De esto no se habla, no.

Vivimos en una España desvertebrada, perturbada y descolocada en la que ser ciudadano de a pie y ser moral, esto es, respetar la continuidad histórica de una nación a la que se aporta futuro y alma con la familia, el trabajo y las ideas y aspirar a que los comportamientos relevantes y mayoritarios sean morales por convicción democrática, no sólo no sirve de nada ni es respetable, sino que puede perjudicar seriamente.

Estoy deseando que lleguen las próximas elecciones porque ya tengo claro lo que voy a votar. Mi papeleta electoral, sólo una gota de agua, pero muy necesaria, va a apoyar a España como nación compartida y común encajada en la civilización occidental y la vuelta de la moralidad desterrada por la asquerosidad del tráfico político. No, no esto no es la resurrección de una supuesta una tercera España, sino una nueva España que tenemos que descubrir en y desde nosotros mismos sin miedo y sin complejos.

Me despiertan y me enteran de que en el municipio poco poblado de Artiega, en la Jacetana, al norte de Zaragoza y cerca de Ejea de los Caballeros (creo que antes se decía Egea), han contratado a un estudiante de Filosofía que ejerce como un Sócrates local. No está todo perdido. Para los que, además de periodistas, disponemos del título de Licenciado en Filosofía, acaba de abrirse una hermosa puerta. Siempre de salida, claro.

(La malvada Mar Gijón me dijo por el güasap que uno de sus cometidos es el de estudiar la "memoria histórica" del lugar. La verdad, se me cortó el cuerpo. No damos ni una.)

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