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Ni pinchazo ni estocada en todo lo alto

Pedro Sánchez, felón para la historia, salió vivo este domingo, aunque herido, y ahora hay que descabellarlo y apuntillarlo para dejarlo para el arrastre.

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Ya sé que muchos que fueron este domingo a Colón para exigir la convocatoria de elecciones estarán en desacuerdo conmigo cuando digo que estocada, lo que se dice estocada en todo lo alto sin descabello ni puntilla, no hubo. Naturalmente, hubiera pasado lo que hubiera pasado, algunos habrían afirmado que lo ocurrido en Colón y calles aledañas fue un pinchazo, ni siquiera en todo lo alto. Es el manual de contrapropaganda que ya balbuceó el viernes la Mari Líos de Borrell, conocida asimismo como Carmen la de Cabra, y que han seguido los medios afines dando por buenos los datos de la Delegación del Gobierno de Madrid, que nada casualmente gobierna el PSOE de Pedro Sánchez. 45.000 asistentes.

El problema es que la medición de la Plaza de Colón, por encima y según el Catastro y sus métodos, arroja una cantidad de dos hectáreas. 20.000 metros cuadrado a tres personas por unidad, calculo tímido, ya dan más de 60.000 presentes. Pero si sumamos las calles confluyentes y adyacentes, que, como las imágenes indican, estaban atestadas, podemos afirmar sin exagerar que, cuanto menos, de 100.000 a 120.000 personas sí que había. La guerra de las propagandas sin sometimiento a la verdad es una cosa y que nos engañemos a nosotros mismos es otra muy distinta.

Dicho lo más digerible, que pinchazo no hubo, sentemos a continuación que estocada en todo lo alto y hasta la bola, tampoco. Dado cuál era el problema, la circunstancia histórica, los actores y la envergadura de un envite en donde todo parecía de vida o muerte, la España constitucional en Madrid y en el resto de España no ha estado a la altura. Alguien me ha referido que el Madrid profundo está hasta los mismísimos de la ocupación de sus calles, desde los taxistas hace poco a lo que sea cuando sea siempre, y desde hace años. Pero es la capital de España. Yo he asistido en Madrid a supermanifestaciones de millón largo de personas cuando el asesinato miserable de Miguel Ángel Blanco o cuando comenzó el chachachá de Zapatero con los mascarones de la ETA. La de este domingo no ha sido una de las principales. La de Barcelona hace año y pico fue de un millón de almas.

Alguien habrá que lo explique mejor, pero, en mi perspectiva sincera, la precipitación no es buena consejera. De jueves a domingo era imposible hacer que los planes personales de los ciudadanos pudieran alterarse sin más. Por ejemplo, yo no pude ir porque venía a Sevilla un familiar para un compromiso. Imagino que otros muchos no han podido suspender, anular, cancelar, suprimir y deshacer lo planeado. Pero, es más, es que ni siquiera hemos podido manifestar en nuestras ciudades y pueblos la repulsa por la situación nacional que vivimos, porque sólo se había convocado un acto central en Madrid.

No me olvido del rechazo de la política corrompida por años de caraduras, miserables, hipócritas, corruptos y fariseos que ceban los partidos políticos por esos métodos insalubres de selección de élites y dirigentes. Tampoco me olvido de la división evidente de los convocantes. Han escenificado un espectáculo donde convocaban de hecho tres partidos que no podían comparecer juntos porque es que ni siquiera son capaces de fotografiarse si no es a distancias siderales. Se ha acordado una actuación de periodistas sobre un escenario, pero no se ha impedido la percepción de que con esta división manifiesta en la terna de verdad el toro puede quedar vivo tras unos avisos y volver a los corrales para ser revivido.

Esto es, si en la ribera social-separatista hay una bronca descomunal, no es menos lacerante la reyerta entre los centros y derechas de la ribera constitucionalista. O sea, que no hay luz iluminadora sino candela más que intensa y cegadora hacia las salidas a la situación. El desconcierto es tal que uno asiente ante las cosas que dice el fantasma de Alfonso Guerra, la sombra chinesca de Corcuera e incluso la alucinación de Felipe González porque no se tiene memoria para los hechos ocurridos en la realidad política de España desde 1982. No digamos nada del silencio de la cordera Díaz, loba capitolina españolista y andaluza de ayer. Lo mismo ocurre por la otra vereda cuando se recuerda la senda de Rajoy o su Soraya –no estaban, ¿verdad?–, o un Feijoó, un Moreno y un Alonso que no iban pero que luego fueron o vaya usted a saber, o unos Ciudadanos de Rivera que no garantizan nada salvo su amor al poder con quien sea. Véase Juan Marín en Andalucía o el hispano gabacho Valls, en una patética política.

O sea, que así no vamos a ninguna parte. Pedro Sánchez, felón para la historia, salió vivo este domingo, aunque herido, y ahora hay que descabellarlo y apuntillarlo para dejarlo para el arrastre. Lo de este domingo, por precipitación, por mala faena, por demasiado cemento en los tendidos y por incapacidad de los diestros, ha dejado el toro de la regeneración de la democracia en el centro de este ruedo ibérico, mirando al tendido y desafiando al respetable. No hay otra que seguir en la plaza y volver a intentar que cumpla lo que prometió: convocar elecciones de inmediato, algo que se olvida a veces con lo sencillo que es de recordar. ¿Cuándo es la próxima? Pero, por favor, mejoren con la espada.

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