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Pedro de Tena

O rectificación democrática o adiós, España.

Ganar las elecciones no es suficiente. Ya las ganó Rajoy en 2011 y fuese, y no hubo nada.

Ganar las elecciones no es suficiente. Ya las ganó Rajoy en 2011 y fuese, y no hubo nada.
EFE

Llevamos dos siglos, tal vez más, despidiéndonos de España. Mucho antes de la oda de Joan Maragall Adiós, España, que agitaba el pañuelo de la desatención hacia a un catalanismo considerado superior a todo lo español y, al tiempo, redentor nada separatista de la decadencia española, ya se había escrito muchas veces la misma expresión. Hasta se encuentra en Lope de Vega, y cómo no y abundantemente en Galdós, en Unamuno, en Carolina Coronado, en Macías Picavea, en Azorín….Y no digamos nada de Jesús Laínz, que muestra cómo se despiden, no de España, sino de sí mismos, Cataluña y País Vasco, ese país donde el sindicato del PNV exasperaba a Indalecio Prieto por exigir a sus afiliados cuatro apellidos vascos y ser católicos, no el DNI. Debería ver ahora el "gordo" del tesoro del "Vita" al helador de sangre, ese tal Pachi López.

Don Benito Pérez Galdós precisó este sentimiento desolador en su Cádiz:

-Adiós España; adiós soldados de Flandes, conquistadores de Europa y América, cenizas animadas de una gente que tenía el fuego por alma y se ha quemado en su propio calor; adiós, poetas, héroes y autores del Romancero; adiós, pícaros redomados…Adiós, holgazanes que en un siglo habéis cansado a la historia…Adiós, gente grave y orgullosa, traviesa y jovial, fecunda en artificios y trazas, tan pronto sublime como vil…De vuestra pasta se han hecho santos, guerreros, poetas y mil hombres eminentes. ¿Es esta una masa podrida que no sirve ya para nada? ¿Debéis desaparecer para siempre, dejando el puesto a otra cosa mejor, o sois capaces de echar fuera la levadura picaresca…?

Pero no se trata hoy de ser sentimentales sino de ser realistas, e incluso pragmáticos consecuentes. ¿Cómo podemos decir "Hola, España" sin un diseño de población y una confirmación de su unidad territorial, algo que subraya incansablemente Agapito Maestre?¿Puede no decirse "Adiós, España" cuando la nación carece de un plan de aguas que impida la sequía demostrada ya como periódica y muy perniciosa para su mitad Sur y en general para toda ella? ¿Puede no gritarse ese adiós cuando no hay un proyecto nacional de abastecimiento energético sensato, presos todos de ideologías simplistas cuando no absurdas, que aprovechan los vecinos? ¿Puede no proclamarse una despedida cuando tampoco existe un programa nacional de infraestructuras de transportes que deje de maltratar a la España con AVE a 87 kilómetros por hora o sin trenes interiores, como pasa de Sevilla a Huelva?

Insistamos. No se trata de honor, ni de blasones ni de mementos solemnes. Se trata de pertrecharnos, que no lo hacemos, y así lo ha puesto de manifiesto la pandemia, de un plan nacional de sanidad, de una guía compartida de inmigración razonable y asumible, de un consenso estructurado sobre la independencia real de un poder judicial que no prime los intereses de los partidos, poderes fácticos y del Estado y nos haga iguales ante la Ley, de un verdadero plan de educación e investigación coordinado, de un bosquejo siquiera de una defensa nacional interna y externa que proteja a los ciudadanos en caso de necesidad.

¿Cómo no decir "Adiós, España", cuando no hay siquiera un esbozo básico de defensa de la cultura y las tradiciones comunes que llegan desde Barcelona a Buenos Aires, desde Madrid a Florida, desde Ceuta y Melilla a México o Filipinas? ¿Cómo no decirlo cuando no hay una estrategia de desguace de una leyenda negra injusta alimentada por los enemigos de España? ¿Cómo no despedirnos de una España que asiste atónita y muda a la demolición anunciada de la Constitución de la reconciliación y la vuelta a las intolerancias avivadas por quienes tienen por objetivo la ruina y la aniquilación política de la más de media España que no comparte la antidemocrática empresa que enarbolan?

Hay que rectificar. Democráticamente, sólo cabe ganar abrumadoramente las próximas elecciones y reducir a quienes han debilitado a España cada vez que han gobernado a una oposición sin opciones de gobierno durante un tiempo que anime su reflexión. Pero ganar las elecciones no es suficiente. Ya las ganó Rajoy en 2011 y fuese, y no hubo nada. Se trata de ser capaces de ilusionar a la España que no quiere despedirse de sí misma con un propósito común a la mayoría real, vertebrada, fuerte, dentro y fuera, y con futuro. Si no lo logramos, corearemos "Adiós España" en un escenario que podrá parecernos una segunda mala tarde toros, como dejó dicho Pla de la España rota que ya vivió una primera.

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