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Pedro de Tena

Por qué un trabajador asalariado no debe votar jamás a la izquierda

Los millones de trabajadores asalariados son “propiedad” política de los socialcomunistas. Sus muchos votos deben ir a parar siempre a la izquierda.

Pedro de Tena
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Este será el título de un libro que aún no ha sido escrito. En la izquierda española es muy popular el dicho de que no hay nada más tonto que un obrero de derechas. La afirmación se inscribe en una visión simplista de la historia como historia de la lucha de clases. En la perspectiva que se oculta, las derechas, en todos los países y en todas sus formas,  sostienen un modo capitalista de organizar la economía que se juzga hostil a los intereses “objetivos” de los trabajadores asalariados, intereses “de clase”, no individuales. Lo que sea una clase ni siquiera fue definido por Marx en ninguno de sus escritos.

Tales presuntos intereses “objetivos” de clase sólo pueden ser descifrados y definidos por las direcciones de los partidos socialcomunistas que disponen de la ciencia indiscutible y definitiva para interpretar todo lo pasado y todo lo porvenir: el marxismo, ciencia y método de análisis que, por cierto, floreció en la segunda mitad del siglo XIX, antes de las grandes teorías científicas que hoy sustentan la revolución tecnológica vigente. Consecuentemente, los millones de trabajadores asalariados son “propiedad” política de la izquierda socialcomunista que se erige en su representante. Sus muchos votos deben ir a parar siempre a la izquierda y las derechas no deben penetrar en sus cercados electorales, memez que hasta ahora se han creído.

Unas primeras notas para este libro futuro que debe escribirse son las que siguen:

a) La “clase” trabajadora u obrera u asalariada es un concepto abstracto, no una realidad vital. Lo real es cada trabajador con nombre, apellidos, biografía, familia, tradiciones, creencias, valores adquiridos, reflexiones habidas, aspiraciones y proyectos de vida. Un obrero, del sexo que sea,  ni es anónimo ni es parte indistinguible de una masa, ni es meramente una mano alzada sin DNI, manipulada por agitadores y temerosa de sus sicarios, en una multitud amorfa sino un voto necesario para el gobierno de una sociedad, derecho derivado de su condición de ciudadano y persona dotada de libertad.

b) Aunque el modo capitalista de organizar la producción y comercialización de bienes y servicios presenta problemas, vicios y desajustes, es el único que ha hecho progresar realmente a toda la especie humana sobre el planeta Tierra. Muy especialmente desde la primera globalización iniciada por España la pobreza y la desigualdad se han ido reduciendo hasta nuestros días. Igualmente redujo la “pobreza política” al defender los “derechos humanos”, la democracia y las sociedades abiertas.

c) Como Max Weber  vio con suma claridad hace un siglo, “los trabajadores se darían bien pronto cuenta de esto: que la suerte del obrero en una mina no cambia lo más mínimo porque la mina sea de propiedad privada o estatal. La vida de un minero en una mina de carbón del Sarre es exactamente igual que en una mina privada: si está mal dirigida, esto es, si es poco rentable, también a la gente le va igual de mal.” O sea una parte importantísima de la sociedad seguirá compuesta por trabajadores asalariados, de un empresario o del Estado, y las desigualdades persistirían, como ocurrió en la URSS, ocurre en China, Cuba o Venezuela.

d) Pero entre las sociedades abiertas que prefieren el capitalismo y las sociedades cerradas del socialcomunismo hay una diferencia esencial: los derechos y los mecanismos de defensa ante el poder del Estado y los poderes económico desaparecen bajo la “dictadura del proletariado”. Punteemos algunos ejemplos:

  • En las democracias, hay derechos individuales de voto, de huelga, de asociación, de expresión y manifestación que serían prohibidos por los dictadores socialcomunistas.
  • -En las democracias, hay derecho de propiedad sobre lo que puede adquirirse con el fruto del trabajo y el ingenio y derecho a heredar el fruto del trabajo de la familia. Esos derechos se perderían.
  •  En las democracias hay libertades como cambiar de residencia, de país, de compañía eléctrica, de gas, de Internet, de lecturas, de emisora de radio , de canal de TV, de supermercado, de coche, de banco que dejarían de existir en el caso del triunfo del socialcomunismo por su apropiación total de los medios de producción y consumo.
  • En las democracias, si la justicia es realmente independiente, el trabajador asalariado tiene oportunidad de defensa judicial frente a los grandes poderes, defensa inexistente en un régimen socialcomunista.
  • En las democracias, con esfuerzo, es posible elegir una educación para los hijos, profesar y practicar una religión familiar, construir una empresa con ahorros y préstamos, disponer de una red de salud, pública o privada… 

Como aperitivo, creo que vale. El libro que proponemos es necesario. Seguramente, no hay nada más inteligente que el que los trabajadores asalariados de cualquier tipo voten a las derechas. De los autónomos ya ni hablamos. Que las derechas acepten lo contrario da una idea de su servidumbre intelectual y moral y es lo que permite la hegemonía de las izquierdas socialcomunistas.

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